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No siempre la derrota es una desilusión

La hora de la derrota siempre es amarga, sobre todo cuando se ha estado tan cerca de que fuera la hora del triunfo. 

14 de julio de 2014 a las 12:02 a. m.
Redacción La Voz
No siempre la derrota es una desilusión

Hace un rato ya que la noche se desplegó sobre la agonía del domingo, y las jugadas que representan la frustración vuelven a pasar una y otra vez por la retina de la memoria, o se cuentan casi como un susurro en las conversaciones que se repiten cada vez con menos aliento.

La hora de la derrota siempre es amarga, sobre todo cuando se ha estado tan cerca de que fuera la hora del triunfo. Y mientras se levanta la vista sobre algún paisaje de barrio y se ve que al final el domingo se apaga casi como otro cualquiera, se hace cada vez más difícil sobrellevar la conciencia de lo distintas que podrían ser las cosas en este momento.

Es abrumador pensar en lo que pudo ser y tener que aceptar lo que fue. Sobre todo, cuando se tiene en cuenta que debieron pasar 24 cuatro años para tener otra oportunidad de estar tan cerca de una copa del mundo. De lo duro que es perseguir un sueño de campeón, mientras pasan generaciones de jugadores y de hinchas.

Pero si uno se demora por un momento a reconocer que estar acá lamentando lo que pudo ser, de tener que andar el final del día entre ciertas sombras de tristeza, encuentra que este era el riesgo que gustosos estuvimos dispuestos a aceptar: jugar la final era el anhelo, aunque después hubiera que bancarse perderla.

Por eso, los festejos empecinados aún en la derrota que se vivieron en el centro de la ciudad de Córdoba y en cada rincón del país, tuvieron tanto sentido. Entre la tristeza, hay otras sensaciones que disimulan con algunas gotas dulce un poco del sabor amargo de la derrota.

Hasta el final, hemos vivido un mes repleto de emociones, y mientras pasaban los partidos nos sentimos más orgullosos de los jugadores, del entrenador. Ellos cuidaban la ilusión de todos.

Sí que podemos decir que vale la pena de hoy haber vivido este Mundial embriagador.

A veces, cuando se quiebra una ilusión no siempre sobreviene la desilusión.