¡No hay nada para ver!
Mientras filósofos y científicos se desviven para descifrar este concepto abstracto, para el holgazán, la nada será el estado perfecto de su existencia.
El existencialismo plantea que la nada se revela a través de estados de ánimo: de gran aburrimiento o de angustia.
Así, la valoración de una noche en el boliche o el baile, repleta de mujeres hermosas, luces psicodélicas, música vibrante y bebidas refrescantes, siempre dependerá de la percepción y las circunstancias que rodeen a un individuo. Mientras algunos dirán que se divirtieron como nunca, otros dirán “no pasó nada”.
Del mismo modo, según los existencialistas, la angustia también es un reflejo de la nada y es inherente a la existencia humana.
Nada , uno de los más hermosos tangos –y si es cantado por Julio Sosa, mejor–, describe la nada a partir de la ausencia: "(...) Nada, nada queda en tu casa natal.../ Sólo telarañas que teje el yuyal./ El rosal tampoco existe y es seguro que se ha muerto al irte tú... / ¡Todo es una cruz! (...)".
En esa línea, podría decirse que el miedo a la muerte es la principal causa de angustia de aquel hombre que, precisamente, cree en la “nada”.
Así lo expresó el conductor de radio y escritor Alejandro Dolina durante una entrevista con el periodista Alejandro Fantino en el programa Animales sueltos : "Nunca he podido disfrutar enteramente ningún placer de la vida sin que una voz me susurrara al oído: 'Te vas a morir'. Y, peor todavía: 'Se van a morir todos los que amás'. Eso arruina cualquier festín. Lo único que a veces acalla esa voz es el amor. Lo más parecido a una salida que encontré es el amor. En el momento cúlmine del amor no te importa morir. Pero eso dura un minuto".
En ese mismo programa, Dolina dijo no tener la suerte de creer en la vida después de la muerte, pero entonces apeló a su humor como salvoconducto para andar por la vida: “Y, por ahí existe. De golpe, uno se muere y se encuentra haciendo una cola en un inmenso playón, preguntando qué hay que hacer y diciendo: ‘Mire que yo me conformo con poco. Y yo que no creía...’. ¡Sería una sorpresa extraordinaria, la mayor sorpresa de mi vida o de mi muerte!”, completó.
Humor, remedio infalible
Siguiendo el hilo dolinesco, se podría afirmar que “nada” suele ser la invariable respuesta de la mujer de gesto adusto cuando el marido-novio-pareja-concubino le pregunta qué le pasa.
“Ese término que desvela a filósofos, existencialistas y científicos, para la mujer es un cúmulo de cosas que no quiere o no puede dar a conocer. Ellas dicen que no importa que sepamos la respuesta (“nada”), igual los hombres tenemos que preguntar”, reflexiona sin demasiadas bases Cacho Yerom, el consultor estrella de esta columna.
Mientras, para el holgazán, la nada será el mejor estado posible; para el inseguro, la nada es la mejor opción para mantener el statu quo , "no hacer olas" que modifiquen su comodidad actual –en el fondo, también es un holgazán–. Para el que está aburrido, tampoco habrá "nada" en la televisión, por más que tenga 400 canales.
Llevada a la realidad cotidiana, para los que conducen los destinos de un país, una provincia o una ciudad, la “nada” sería una forma de aventar las críticas.
Los opositores dirán que las cosas no van bien, que faltan reservas, que hay inflación, que los impuestos aumentan porque hay déficit fiscal, que los semáforos no andan y los baches florecen todos los días. En cambio, los gobernantes dirán que “nada” de eso está pasando.
Es como la clásica humorada del desesperado policía que intenta contener el morbo de los curiosos con “¡Por favor, atrás señores! ¡No hay nada para ver!”, dice mientras detrás de él, un dantesco espectáculo de llamas, humo, explosiones y chapas retorcidas decoran el incendio en una fábrica de fuegos artificiales.

