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“No hace falta terminar en un cajón para ser una menos”

Sonia Sola fue "niña de la calle", abusada, golpeada por su pareja y cautiva en su propia casa. Logró recibirse de paramédica, se divorció y proyecta ayudar a otras víctimas de género.

29 de octubre de 2016 a las 12:01 a. m.
“No hace falta terminar en un cajón para ser una menos”

Río Cuarto. "Empoderarse", una palabra en boga que se hizo carne en Sonia Sola, una mujer madre, de 39 años, que de niña estuvo en situación de calle. Según cuenta, vio cómo maltrataban y hasta morían sus compañeras en institutos de chicos judicializados. Fue violada, se casó con un hombre que la golpeaba y hasta la tuvo cautiva en su propia casa. "Si yo pude salir, todas pueden", sostiene, y da testimonio de su historia, que hoy tiene una continuidad feliz."Me casé sin estar enamorada, porque vivía en la calle. Él tomó como una especie de obsesión, tenía celos y empezó a minimizarme hasta que llegué a perder el amor por mí. Después empezó a golpearme. Viví 17 años así. Traté de irme varias veces pero tenía el miedo que tienen todas las madres, de no tener un techo para sus hijos, no tener qué darles de comer", relata sin vueltas.La historia es común a la de muchas víctimas: "Me iba a la casa de mis hermanas y después había problemas, prefería soportar yo el maltrato y que no sufrieran mis hijos, sin ser consciente de que les estaba haciendo más daño aún. En un momento, la maestra de jardín del más chico, que ahora tiene 8 años, me dice que necesitaba una psicóloga, porque se retraía". Sonia expone que fue ella la que se dio cuenta de lo que le pasaba y le recomendó ayuda."Yo al principio no quería hablar porque te someten de tal manera que llegás a creer que sos la culpable de lo que te pasa. Por ejemplo, él no me dejaba estudiar. Yo creía que me merecía lo que sufría. Por celos, no me dejaba salir, yo me iba recluyendo para no tener problemas", recuerda, tras mostrar que muchos de sus dientes tienen fundas. "Él me los rompía a patadas, trompadas; me sacaron más de una vez tapada en sangre. Él tenía el vicio del juego", precisa.Denunciarlo tampoco era sencillo: "En la Policía, como yo llegaba después de la hora a la que se iba el sumariante, no había quién me tomara la denuncia. Tenía golpes, abuso, secuestro y me decían que no era para tanto. Hasta que di con la gente de la Subsecretaría de la Mujer de la Municipalidad; ahí recién intervino la Justicia y lo sacaron a él. Ya hace dos años que me divorcié", relata.

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Cuando se le pregunta cuál fue el momento más tremendo, no se acuerda de las patadas en la cabeza ni de los 10 días que estuvo cautiva en el baño de su casa.

“Para mí lo mas difícil fue cuando me senté a hacer la denuncia en Tribunales. Sentía que se me acababa el mundo, que las consecuencias iban a ser muy caras. Y estaba en un error, porque se me abrieron muchas puertas. Hoy soy feliz”, asegura Sonia.

Recuerda cómo en medio del desconcierto por la nueva situación, dio otro paso clave: “Apenas lo apartaron a él, mis hijos lloraban, me hacían la guerra, hasta que entendí que si quería salir adelante tenía que empezar por mí”, dice.

“Empecé por contratar un especialista que me tratara, me reforzara, porque había quedado sumamente vulnerable y creía que si me faltaba él, mis hijos se morirían de hambre, que iba a salir de prostituta, que nadie me iba a querer, todas cosas que te meten en la cabeza y que uno hace propias”, confía.

Enfatiza, como para que otras escuchen: “No sólo es ‘una menos’ la que está en un cajón, también lo son las mujeres a las que el Estado deja abandonadas, recluidas”.

Sonia cuestiona que ahora pueden sacarle el agresor a las mujeres, pero que aún les dan una contención escasa. “La mujer que fue víctima queda destruida psicológicamente. Le tienen que enseñar a quererse, reincorporarla a la sociedad. Después de todo lo vivido, una queda muerta, recluida, sigue siendo una menos y tiene que ser una más”, subraya.

Proyecto para víctimas

“Muchos cuando se separan dicen: se llevó lo mejor de mí. Yo creo que una etapa no define tu vida. Si uno dice que lo mejor ya pasó, tiene que declararse muerto. Si pensás que mañana puede ser mejor, las puertas se empiezan a abrir, uno cambia la perspectiva de vida, yo quiero lejos todo lo que sea odio, violencia, rencor. Quiero amor, comprensión”, expresa Sonia Sola.

Sola señala que, pese a que su marido no quería que estudiara, logró recibirse de paramédica y masoterapeuta. Proyecta crear una consultora para asistencia de enfermos en hospitales, en la que quiere capacitar y generar trabajo a mujeres que tratan de salir de una situación de violencia.