No cometas el crimen, varón
Tras una intrincada relación, producto de un triángulo amoroso, Chris Wilton mata a una mujer. Edgardo Litvinoff.
Tras una intrincada relación, producto de un triángulo amoroso, Chris Wilton mata a una mujer. Por azar, y sólo por azar, no será descubierto. Su crimen queda impune y todas las alusiones a la ausencia nietzchiana de Dios son visibles en Match Point , la película que Woody Allen estrenó en 2005. No hay castigo, no hay pena, ni siquiera culpa sobre la conciencia. El cineasta estadounidense muestra en ese filme, una vez más, lo artero de la condición humana: sin Dios a la vista –o con él jugando a los dados, contra lo que decía Albert Einstein–, la culpa se esfuma si el azar hace que la falta cometida no sea descubierta. En este caso, se trata de un crimen, pero la vida cotidiana está llena de infracciones. Y la sensación es la misma: si pasamos un semáforo en rojo y nadie nos ve, la falta no produce ni una enseñanza ni un peso sobre nuestra conciencia. Al contrario, nos inducirá a repetirlo. La suerte hizo que en ese momento nadie controlara esa esquina y que ningún auto cruzara por la bocacalle.Si, en cambio, la suerte no nos hubiera acompañado, hubiésemos tenido que aceptar las consecuencias y hacernos cargo: "No cometas el crimen, varón, si no, vas a cumplir la condena", canta Andrés Calamaro. "Si no estás dispuesto a cumplirla", corregiría Woody Allen, pensando en Dostoievsky. Legitimidad. La agresión a un inspector municipal que pretendía remover un auto mal estacionado no soporta demasiado análisis: no hay forma de que una sociedad civilizada resuelva los conflictos de esa manera. Este agresor es un peligro no sólo con el auto, y la ley debiera aplicarse sin atenuantes. Tampoco la mayoría de los conductores, a juzgar por lo que pasa en las calles, debería tener el carné para salir a manejar. Sin embargo, lo sorprendente de este caso fue la reacción de la mayoría de la gente –usuarios, oyentes, lectores– que en sus comentarios manifestaron una bronca pasmosa contra los inspectores, a los que acusaban de todo, menos de hacer cumplir la ley con honestidad. Muchos celebraron la agresión al agente. Otros no estaban de acuerdo con eso, pero tampoco con el accionar de los "zorros grises".¿Qué pasó para que gran parte de la sociedad tenga ese pensamiento? ¿De qué y con quién quieren desquitarse? ¿Es parte del estado de enervación que reina en la calle? ¿Todo el mundo está enojado y se descarga con cualquiera? ¿Comprenden el municipio y los municipales cómo los ve la gente? ¿Saben leer esas situaciones? ¿No es paradójico que la primera reacción de estos trabajadores sea un paro que alimenta el caos automovilístico en las calles que, a su vez, alimenta los nervios y las sensaciones encontradas hacia la autoridad? No hay que hacer mucho esfuerzo para repasar algunas modalidades de protesta de los municipales –incluidos ciertos dichos de sus representantes–, para ver que la violencia tampoco nace de un repollo. Rompemos los vidrios del Palacio 6 de Julio, total, después los pagamos. Como las multas.Cualquiera con una insignia tiene autoridad. Pero la legitimidad no se consigue tan fácilmente. No se puede plantear un nuevo pacto con la sociedad sin tener en cuenta a todos los que la componen.

