Ni todo el oro del mundo
Con las Sierras incendiadas, ocurre algo parecido a lo que pasa con las víctimas de una catástrofe o de una guerra.
Con las Sierras incendiadas, ocurre algo parecido a lo que pasa con las víctimas de una catástrofe o de una guerra. No importa si es una o 95 mil hectáreas.
En nuestros corazones, produce tristeza e impotencia. Luego, llega el análisis frío para evaluar las consecuencias. Y la magnitud de los últimos incendios espanta una vez más. Se espera que el plan provincial de remediación sea un buen paliativo para tratar tanta devastación. Sin embargo, desde ya, no alcanza. Aquí es cuando el dinero no sirve.
Los árboles necesitan varios años para reconquistar las Sierras (“más de los que vivirá este ecólogo”, confesó un investigador a este periodista).
El agua de los ríos serranos no se purifica con billetes de 100 pesos. Los turistas necesitan más que un incentivo monetario para visitar nuestros valles.
A los campesinos, cabañeros y pobladores, no les alcanza todo el oro del mundo para extinguir la tristeza que les consume el corazón al saber que perdieron todo, incluso las instantáneas pintadas de verde que sus ojos tomaban cada amanecer en las Sierras.
Entonces, hay que pensar qué hacer para que no vuelva a ocurrir. Acciones de cero peso. No prenda fuego en las Sierras. No deje elementos combustibles en zonas con monte nativo, pastizales, pinares. Obligue a las autoridades a mejorar el Plan Provincial de Manejo del Fuego. Felicite a los bomberos voluntarios. No desmonte. Foreste con autóctonas. Transforme esa tristeza y bronca en acciones positivas.

