Reconversión. De “naranjitas”’ y limpiavidrios, a vendedores ambulantes y changarines
Tras la puesta en marcha del nuevo sistema de estacionamiento medido y la vigencia de la Ley 11.117 que prohíbe la actividad de “naranjitas” y limpiavidrios, quienes ejercían estas actividades buscan alternativas para subsistir.
Con un manojo de llaves de autos que le confiaron unos vecinos, Maxi, de 37 años, se resiste a abandonar la cuadra en la cual trabajó durante más de dos décadas.
Antes de que las normativas cambiaran, cuidaba autos en la zona del restaurante Al Malek, en barrio General Paz. Hoy se dedica a lavarlos, a veces vende cubanitos o maples de huevos, y ahora está pensando en vender café cuando empiece a sentirse el frío invernal.
“Este árbol creció conmigo, vi los edificios aparecer, todo. Soy uno más del vecindario”, cuenta.

En el último tiempo, su situación económica cambió: “Yo nunca le pedí nada al Gobierno. Hoy pago $ 20 mil por día en un hotel y ahora tengo que ir a los comedores. Nunca había necesitado hacerlo”.
Cuenta que si bien le ofrecieron darle el chaleco marrón y sumarse a una cooperativa, no quiere hacerlo. “Yo nunca les puse un precio ni nada. No puedo ser constatador, no tengo ese carácter como para andar cobrándole a la gente”, explica.
Este no es un caso aislado. En distintos puntos de la ciudad, otros excuidacoches y exlimpiavidrios consultados por La Voz relatan cómo intentan generar ingresos tras la prohibición de ambas tareas.
El 26 de mayo pasado comenzó a regir el nuevo sistema de estacionamiento medido y controlado (SEMM), impulsado por la Municipalidad de Córdoba, que alcanza casi 1.000 cuadras de la ciudad. Si bien en algunas zonas ya funcionaba un esquema similar, la presencia de cuidacoches era frecuente.
Tiempo atrás, la Provincia de Córdoba modificó la Ley 11.117, modificando el Código de Convivencia Ciudadana y prohibiendo la actividad de naranjitas y limpiavidrios.
Nuevas actividades
Mauricio, de 40 años, ya es conocido por los vecinos de la zona de Tribunales 1. Antes cuidaba coches. Ahora invirtió en una aspiradora y se dedica a lavar autos. También compró medias para vender, pero esa alternativa le trajo problemas inmediatos.
“Estamos sobreviviendo… Yo estoy en la calle y vivo del mango de la gente. Jamás le exigí un monto a nadie, pero el barrio confiaba en mí para cuidarle los autos”, cuenta. Mientras conversa, una señora lo interrumpe para saludarlo. “Mauri, qué alegría verte, no sabía si ibas a estar acá con todo el quilombo que hay”, le dice.

Para Héctor y Matías, dos hermanos, la situación es igual de compleja. Hace 15 años que se dedicaban a limpiar vidrios en la misma esquina de barrio Nueva Córdoba.
En el presente, venden golosinas: “La semana pasada vendimos gomitas, esta semana chocolates. Nos pegó mal la situación, pero no queda otra que moverse y seguir adelante, le tenemos que buscar la vuelta como sea”, cuenta Héctor.

Entre quienes se vieron afectados por la medida también hay adultos mayores. En barrio General Paz, cerca de Maxi solía estar Norma, una mujer de 60 años que cuidaba coches en la zona de la plaza Alberdi. En un momento trabajó en tareas domésticas, pero hacía siete años que su principal ingreso venía de ser “naranjita”. “Ya no sé qué hacer, estoy dispuesta a cualquier cosa”, dice.
Aunque muchos vecinos del barrio están en contra del nuevo sistema de estacionamiento, Gabriela, una de ellas, recuerda con afecto a uno de los “naranjitas” de su cuadra: “Era un señor grande muy respetuoso y educado, ni siquiera te ponía tarifa. No sé qué pasó con él”. En algunos casos, los vecinos forjaban una relación de confianza con los cuidacoches.
En este sentido, cree que la Municipalidad de Córdoba debería “dejar de gastar plata en medidas como esta y darle algún beneficio a estos trabajadores que hacían bien su laburo”.
Colindante con ese barrio, Carla Giesenow, presidenta del Centro Vecinal de Juniors, dijo días atrás a La Voz que aunque no están en contra de la modificación del Código de Convivencia Ciudadana y la regulación de cuidacoches y limpiavidrios, la medida afecta al barrio de forma negativa.
“Buscan aumentar medidas de seguridad para evitar accidentes y hechos delictivos que responden a una mayor circulación vehicular”, explica. Y agrega que tras la prohibición de exnaranjitas ilegales y limpiavidrios, “hay un aumento de vendedores ambulantes, mientras sube la cantidad de personas que deambulan por las calles vendiendo todo tipo de productos, por la mutación de los oficios”.

Atilio tiene 40 años y cuidaba coches cerca del paseo Buen Pastor, en barrio Nueva Córdoba. Ahora vende principalmente pañuelitos: “Todos tuvimos que encontrar cosas nuevas. Algunos por la zona andan vendiendo cubanitos, alfajores, golosinas”, explica.
En la zona de la Terminal de Ómnibus, la situación es hostil. Tres excuidacoches afirman que todavía no encontraron una actividad estable. “Nos corrieron de acá y estamos viendo qué hacer, viendo cómo sobrevivir el día a día. Nos andan persiguiendo, quieren que caigamos en cana”, dice uno de ellos.
Desde el Ente Municipal de Fiscalización y Control (EMFyC) reconocen este fenómeno de mutación laboral: “Sí, notamos claramente que muchos exnaranjitas o limpiavidrios están reconvirtiendo su actividad”, señala Ezequiel Hormaeche, director general del área.
De todas formas, advierte que esas alternativas elegidas, como la venta ambulante o el lavado de autos en la vía pública sin autorización, también están prohibidas. En ese sentido, indicó que el municipio busca incorporarlos a cooperativas de constatadores, ferias francas y módulos habilitados para la venta.

Según explicó, la cantidad de vendedores ambulantes aumentó en el último tiempo. “Desde el 1° de enero hasta fines del mes pasado, siguiendo los números del Observatorio Social, notamos que se cuadruplicó el número de vendedores ambulantes en la calle”, afirma.
Aunque algunos trabajadores encontraron nuevas formas de generar ingresos, otros todavía buscan una alternativa estable. Entre la venta ambulante y las changas ocasionales, la prohibición de “naranjitas” y limpiavidrios abrió una etapa de incertidumbre para muchos de quienes hasta hace pocas semanas obtenían su sustento de esas actividades.

Qué propone la Municipalidad
Hasta hace un mes, y desde 2001, regía en la ciudad de Córdoba la Ordenanza 10.425, que habilitaba zonas concesionadas para el trabajo de las cooperativas regularizadas de cuidacoches. Estos trabajadores eran los “naranjitas legales”, que integraban ocho cooperativas y tenían 355 afiliados.
Con el nuevo sistema de estacionamiento medido y controlado, muchos de estos trabajadores se transformaron en constatadores urbanos, teniendo a su cargo verificar si los vehículos estacionados iniciaron el pago digital correspondiente en las zonas habilitadas.

La situación fue distinta para quienes ejercían el trabajo de cuidacoches pero de manera informal. Desde la Municipalidad de Córdoba informaron que durante las primeras semanas de vigencia del nuevo sistema identificaron que unas 500 personas seguían trabajando como “naranjitas” ilegales o limpiavidrios, tras un relevamiento realizado por el Ministerio de Seguridad y la Policía de Córdoba.
A esas personas les entregaron una cédula de notificación y les indicaron que se dirijan a la Secretaría de Políticas Sociales. Desde el municipio señalaron que el objetivo de este relevamiento fue contar con un registro de las personas alcanzadas por la medida para poder evaluar, en cada caso, posibles alternativas de acompañamiento e inserción laboral.
“Es un trabajo que se realiza caso a caso. Es un proceso en el que se evalúa el perfil específico y las necesidades, y en base a eso se van buscando maneras de reubicarlos y reorganizarlos”, comentaron desde esa área.

Y agregaron que, aunque todavía están “aceitando” la dinámica de las cooperativas de constatadores, por el momento prevén que no se sume nadie más.
Aunque algunos trabajadores pedían excepciones particulares, explican que no se puede atender esos requerimientos y que directamente no pueden seguir operando como cuidacoches.
Hace poco más de un mes, la Municipalidad de Córdoba firmó un convenio con la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) destinado a evaluar la situación de los exlimpiavidrios. La prueba piloto que están desarrollando apunta a brindar formación para la reinserción laboral de estas personas.
El sistema está a prueba con 12 trabajadores que la Secretaría de Políticas Sociales seleccionó a partir de un recorrido en la ciudad. La propuesta se centra en el rubro de parquización, jardinería y mantenimiento de herramientas de corte.
La UTN articuló con la empresa Casaró que provee equipamiento y docentes, y con la fundación de Mary Lunge, que facilita la infraestructura. Federico Olivo Aneiros, decano de la institución, explicó a La Voz que buscan que este programa sea efectivo, fundamentalmente, en la última fase del proceso: la inserción laboral real de las personas.



