Salud. El Mundial 2026 vuelve a poner el foco en el herpes zóster y su relación con el estrés

En el marco del Mundial 2026, especialistas explican cómo el desgaste físico y emocional, junto con la edad y ciertas enfermedades crónicas, pueden favorecer la reactivación del virus y cuáles son los síntomas a los que hay que prestar atención.

16 de junio de 2026 a las 06:10 p. m.
El Mundial 2026 vuelve a poner el foco en el herpes zóster y su relación con el estrés
Herpes zóster.

Mientras el Mundial 2026 concentra la atención de millones de argentinos, especialistas vuelven a poner el foco en el herpes zóster, una enfermedad que ganó notoriedad luego de que Lionel Scaloni contó que la padeció tras la consagración en Qatar 2022, en un contexto de mucho estrés y desgaste emocional.

"A veces no podés con todo porque el cuerpo te dice basta. De hecho me salió un herpes zóster en febrero después del Mundial. Cuando el cuerpo se relajó empezó a tener secuelas de ese proceso", contó en su momento el entrenador.

El herpes zóster, conocido como “culebrilla”, es una infección causada por la reactivación del virus varicela-zóster, el mismo que provoca la varicela durante la infancia y que permanece latente en el organismo. Se estima que el 90% de los adultos mayores de 50 años está en riesgo de desarrollar la enfermedad.

Especialistas explican que, con el paso del tiempo, el sistema inmunológico pierde parte de su capacidad de respuesta, un proceso conocido como inmunosenescencia. A esto se suman factores como el estrés y el cansancio, que pueden debilitar temporalmente las defensas y favorecer la reactivación del virus.

“El estrés sostenido libera hormonas como el cortisol que deprimen el sistema inmunológico. Cuando las defensas bajan, el virus que estaba dormido encuentra la oportunidad para reactivarse”, explicó el médico especialista en Medicina Interna Lucio Criado.

Además de la edad y el estrés, las personas con enfermedades crónicas como diabetes, enfermedades cardiovasculares, enfermedad renal crónica, asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) presentan un mayor riesgo de desarrollar herpes zóster.

También son más vulnerables quienes tienen cáncer, reciben tratamientos de quimioterapia, viven con VIH o padecen enfermedades autoinmunes, como lupus, psoriasis o artritis reumatoidea.

Síntomas y consecuencias

La enfermedad suele comenzar con picazón, hormigueo, sensibilidad al tacto y una erupción cutánea localizada, que generalmente aparece en el rostro, el tórax o el abdomen.

Sin embargo, los especialistas advierten que las complicaciones pueden extenderse más allá de las lesiones en la piel. La más frecuente es la neuralgia postherpética, un dolor persistente que puede prolongarse durante meses o incluso años después de que desaparece la erupción.

“Más allá de la erupción, el herpes zóster puede dejar un dolor que altera el descanso, el estado de ánimo y la movilidad, lo que puede provocar depresión o retraimiento social”, señaló Verónica Loggia, pediatra, infectóloga y gerente médica de vacunas de GSK.

Cuando el virus afecta la zona del rostro también puede producir un herpes zóster oftálmico, una de las formas más graves de la enfermedad, ya que compromete estructuras del ojo y, en algunos casos, puede ocasionar pérdida de la visión.

En ese sentido, la infectóloga Elena Obieta destacó la importancia de consultar con un profesional de la salud sobre las estrategias de prevención. “Cada encuentro con el médico es una oportunidad para conversar sobre cómo prevenir este tipo de enfermedades y cómo fortalecer el sistema inmune. La vacunación es clave para reducir el impacto del herpes zóster y otras enfermedades prevenibles”, sostuvo.

Subestimar el herpes

Una encuesta realizada por GSK en 2024, en el que respondieron a 3.500 adultos mayores de 50 años en 12 países, arrojó resultados que demostraron una falta de conciencia sobre la prevalencia y el dolor asociado.

Un 86 por ciento de los adultos no es consciente del riesgo y la potencial gravedad del herpes zóster, la cuarta parte (26%) estima que 1 de cada 100 personas corren riesgo de contraer esta enfermedad a lo largo de su vida, casi una quinta parte (17%) piensa que es 1 de cada 1.000, y casi la mitad (49%) cree que es poco probable que desarrolle la culebrilla.