453° Aniversario. Una mujer y una historia de amor para evocar la fundación de Córdoba

La figura de Luisa Martel de los Ríos fue clave para que hoy recordemos a Jerónimo Luis de Cabrera como el fundador de nuestra ciudad. Lo acompañó en la conquista, legó el nombre y luchó para recuperar la historia de aquel “desobediente” al que ejecutaron e hicieron desaparecer.

06 de julio de 2026 a las 11:22 a. m.
Una mujer y una historia de amor para evocar la fundación de Córdoba
Luisa Martel de los Ríos, una cofundadora de la ciudad de Córdoba.

Una mujer. Una historia de amor. Dos claves para dimensionar por qué cada 6 de Julio honramos en la ciudad de Córdoba a nuestro fundador, Jerónimo Luis de Cabrera.

Sin Luisa Martel de los Ríos, esta ciudad se llamaría de otra manera y la figura del conquistador sevillano yacería en el olvido, como otras urbes que tienen un difuso y desdibujado recuerdo de quienes las crearon.

Luisa era hija de andaluces. Sus padres eran de Córdoba, Gonzalo Martel de la Puente y Guzmán y Francisca de Mendoza de los Ríos.

Ella nació en Tierra Firme (la actual Panamá), donde su padre era gobernador. A los 10 años, su familia se trasladó a Cusco, en el Virreinato del Perú, donde fue obligada con apenas 14 años a casarse con el conquistador Sebastián Garcilaso de la Vega y Vargas, que hacía poco había enviudado de su matrimonio con la princesa Inca Isabel Suárez Yupanqui.

Garcilaso de la Vega y Luisa Martel de los Ríos tuvieron dos hijas, que fallecieron de pequeñas.

Luisa Martel de los Ríos, una cofundadora de la ciudad de Córdoba.
Luisa Martel de los Ríos, una cofundadora de la ciudad de Córdoba. (Ilustración Juan Delfini)

Luisa quedó viuda a los 24 años y en el propio Cusco conoció a Jerónimo Luis de Cabrera. Se abrió ahí una relación, de la cual nacieron 7 hijos, y un amor que perduró a la muerte y tuvo mucho que ver con la historia de nuestra Córdoba de la Nueva Andalucía.

Jerónimo Luis de Cabrera era un noble sevillano, que hizo la carrera militar y en esa condición viajó a las nuevas tierras.

Combatió en el Virreinato del Perú, donde fue designado gobernador del Tucumán, una región que abarcaba buena parte de lo que hoy es el norte argentino y la actual Bolivia.

Le encomendaron fundar una ciudad que conectase aquella zona con la que era la única urbe que había en el actual territorio argentino, Santiago del Estero.

Y ese lugar estaba en los alrededores de lo que hoy es Salta. Pero Cabrera sabía de la resistencia de los pueblos originarios que poblaban los valles Calchaquíes y decidió bajar bastante más al sur.

No estaba equivocado. La resistencia de los pueblos originarios de la región se extendió por más de 100 años. Los Kilme serían forzados a un brutal destierro a pie hasta las costas de Buenos Aires.

Tercerización de la conquista

El noble militar no sólo tenía una visión estratégica sino comercial, porque al recibir parte de la tierra conquistada, apostaba por zonas más pacíficas con mayor potencial económico.

Los conquistadores ponían de su patrimonio para esas expediciones fundacionales. A cambio recibían tierra y mano de obra de los pueblos originarios. Una especie de tercerización de la conquista.

El monumento que evoca a Jerónimo Luis de Cabrera, fundador de la ciudad de Córdoba.
El monumento que evoca a Jerónimo Luis de Cabrera, fundador de la ciudad de Córdoba. (La Voz / Archivo)

Luisa quiso acompañar a su marido en toda la expedición pero finalmente fue obligada a quedarse en Santiago, ya que desconocían los riesgos que podían implicar los Comechingones.

En 1573, Cabrera llegó a un asentamiento que sus pobladores llamaban Quisquisacate. Se lo podría traducir como unión de los ríos, seguramente en alusión a que ese río llamado Suquía, surgía unos kilómetros cuando se juntaban unos cuantos cursos de agua, donde hoy está el lago San Roque.

El 6 de Julio, en las barrancas del Suquía, en la zona del actual barrio Yapeyú, Jerónimo y su tropa firmaron el acta de fundación de lo que denominaría Córdoba, en honor a la ciudad andaluza de donde provenían los padres de su amada.

Era un interesante punto medio entre la más que productiva Potosí por sus minas y las aún no colonizadas costas del Atlántico.

De hecho, Cabrera fue a explorar esos caminos y siguiendo los márgenes del Ctalamochita llegó hasta el Paraná.

La mujer diferente

A su regreso a Córdoba, pese a haber sido designado gobernador de las tierras conquistadas, Cabrera fue condenado por su desobediencia.

Le quitaron todas sus pertenencias, lo ejecutaron y ni siquiera le entregaron el cuerpo a sus familiares.

Empezó a tallar nuevamente, Luisa Martel de los Ríos.

Con valentía, y desafiando todas las reglas de la época, decidió llevar adelante una batalla legal para recuperar lo que le pertenecía a su esposo y sus hijos y sobre todo para limpiar el buen nombre de Jerónimo.

Una imagen de la ciudad de Córdoba hacia 1810. Ya habían pasado entonces 237 años de la fundación.
Una imagen de la ciudad de Córdoba hacia 1810. Ya habían pasado entonces 237 años de la fundación. (Archivo)

Su vida había sido diferente a la de las mujeres de la época relegadas a las tareas domésticas. Ella lo acompañó durante años en los traslados, campañas y riesgos propios de la conquista. Luisa eligió seguir a su esposo por territorios inciertos, compartiendo las privaciones y peligros de una vida marcada por la movilidad permanente.

Viuda, con siete hijos y sin recursos, emprendió una larga batalla judicial para recuperar los bienes confiscados. Recurrió a las autoridades, presentó reclamos y defendió los derechos sucesorios de sus hijos. En un mundo dominado por hombres, donde la participación femenina en la esfera pública era excepcional, Luisa asumió un papel activo y desafió los límites de su tiempo.

Su lucha fue mucho más que una cuestión patrimonial. También buscó impedir que la memoria de Cabrera quedase asociada para siempre a la figura de un condenado. Gracias a su perseverancia logró recuperar parte de lo perdido y preservar el legado familiar que seguiría ligado a la historia de Córdoba durante generaciones.

Murió en 1593, en la llamada Casa de los Cabrera, en la esquina de las actuales Buenos Aires y San Jerónimo, frente a la plaza San Martín y la Catedral, que había comenzado a construirse en esos años.

En la nomenclatura y tributos tuvo mucho menos suerte que su marido fundador. Apenas una calle en la zona norte de la ciudad que ni siquiera lleva su nombre y no mucho más.

Hijos de fundadores

De la descendencia de Cabrera y Martel de los Ríos, hay algunas otras curiosidades.

Por ejemplo, que uno de sus hijos, Gonzalo Martel de Cabrera se casó con María de Garay, hija de Juan de Garay , el fundador de Buenos Aires.

Es decir se unieron los hijos de los fundadores de las dos principales ciudades de lo que iba a ser después la Argentina.

Gonzalo y María vivieron en la estancia La Lagunilla, donde nace el arroyo la Cañada, que siglos después se transformó en el principal símbolo de la ciudad de Córdoba.