Cultura y memoria. Hallaron libros prohibidos por la dictadura en la mudanza de una biblioteca en Córdoba
La Biblioteca Provincial de la Maestra y el Maestro se trasladará este miércoles al Concejo Deliberante de la ciudad de Córdoba. En esa tarea, aparecieron unos 200 títulos censurados en la época militar que estaban en cajas. Se cree que son libros "salvados" por un bibliotecario desaparecido.
La Biblioteca Provincial de la Maestra y el Maestro se trasladará al Concejo Deliberante de la ciudad de Córdoba. Y durante la preparación de la mudanza se hallaron varias cajas de libros prohibidos durante la dictadura "camuflados" entre papeles y carpetas.
Los textos censurados serán los protagonistas del traslado de los últimos ejemplares, que se realizará el próximo 29 de abril con la consigna la “Marcha de los Libros Prohibidos”. La escolta a los libros prohibidos comenzará a las 9 en la antigua sede de la biblioteca provincial, en Santa Rosa 751 y llegará al Concejo, donde ya se le hizo lugar.

“La marcha de los libros prohibidos es una reivindicación por aquellos bibliotecarios desaparecidos que arriesgaron la vida por preservar los ejemplares. Al llegar se hará un acto y una suelta de globos ecológicos”, comentó a La Voz Adrián Vitali, director de Coordinación del Concejo Deliberante.
La fecha fue elegida especialmente por ser el aniversario 50° de la quema pública de libros realizada el 29 de abril de 1976 en el Regimiento de Infantería Aerotransportada 14 de La Calera. Aquello ocurrió en presencia de quien era el comandante en jefe, el represor varias veces condenado por delitos de lesa humanidad Luciano Benjamín Menéndez.
Pero esta efeméride no se eligió sólo por memoria histórica sino por lo que ocurrió durante la mudanza de los libros.
Un hallazgo inesperado
Con 128 años de antigüedad, la Biblioteca Provincial de la Maestra y el Maestro es el archivo cabecera del Ministerio de Educación y cuenta con unos 45 mil ejemplares. Alrededor de 30 mil quedarán en el Concejo y el resto se repartirá entre las 20 subsedes que posee esta biblioteca en el interior.
Su sede anterior les estaba “quedando chica” e incómoda para las habituales visitas que recibían de las escuelas. Así fue que mientras buscaban un nuevo lugar, desde el Concejo les ofrecieron un espacio. El año pasado se firmó el convenio entre el ministro Horacio Ferreyra y el viceintendente Javier Pretto que cerró este traslado.

“Mientras hacíamos la mudanza tuvimos que entrar a una habitación chica llena de cajas y cosas viejas que no se tocaban. En algunas de las cajas encontramos libros que se habían prohibido durante la dictadura, la mayoría del año 1968”, contó Fátima Serione, directora de la Biblioteca Provincial de la Maestra y el Maestro.
Y prosiguió: “Empezamos a maravillarnos de todo lo que encontramos. Estaban camuflados entre papeles viejos, facturas y cosas que parecían papeles para tirar. No sabemos quien los escondió, pero creemos que fue un bibliotecario desaparecido que quiso preservar el material y por eso no se supo de ellos hasta hoy”.

Vitali sumó otro elemento: “Nadie sabía que estaban esos libros ahí. En total se prohibieron unos 500 títulos durante la dictadura en Argentina y en las cajas se encontraron unos 200. Por este hallazgo es que la marcha es de los libros prohibidos, pero también como una reivindicación y reparación de aquella quema de ejemplares hace 50 años”.
Los bibliotecarios tenían la obligación de entregar los libros que eran solicitados por los censores, pero encontraron maneras de salvarlos, aunque eso pudiera costarles la vida. “Desaparecieron por esconder libros. Las bibliotecas son centros de poder, por eso son peligrosas. Pueden quitarnos muchas cosas menos lo que hemos leído, eso es parte de lo que somos”, agregó Serione.

Títulos prohibidos
La mayoría de los libros prohibidos descubiertos son de literatura infantil, pero también encontraron de filosofía, de política, de sociología y hasta la Biblia Latinoamericana, censurada por los comentarios al pie de los teólogos de la liberación. Muchos ejemplares pertenecían al Centro de Editores de América Latina (Ceal) y a la editorial Progreso.
Algunos de los títulos hallados son clásicos de todas las épocas: El Principito de Antoine de Saint-Exupéry; Dailan Kifki, de María Elena Walsh; cuentos como Alí Babá y los 40 ladrones; la novela de no ficción Operación Masacre, de Rodolfo Walsh, y Todos los fuegos el fuego, de Julio Cortázar.

También estaban entre las cajas de prohibidos La razón de mi vida, de Eva Perón; “El Eternauta”, de Héctor Germán Oesterheld; Más allá del bien y del mal, de Friedrich Nietzsche; Pedagogía de la esperanza, de Paulo Freire; y Miseria de la filosofía, de Karl Marx, entre otros.
“Cada prohibición tenía una resolución oficial, una justificación con argumentos firmada por autoridades. Pero sobre todo eran libros para niños que se censuraban para cuidar la moral de la infancia y la juventud”, detalló Vitali.

Estos ejemplares prohibidos formarán parte de la biblioteca y se ubicarán en uno de los tres sectores señalizados y diferenciados que tendrá el Concejo. Otro sector tendrá la obra completa de Domingo Faustino Sarmiento, con más de 80 libros de 100 años de antigüedad.
“También habrá una biblioteca vacía que conmemorará todos los libros quemados en la historia de la humanidad. Un espacio para la memoria de todos los títulos que se quemaron con la lógica de intentar prohibir al que piensa distinto”, apuntó Vitali.
El “bibliocidio”
Vitali sostiene que las quemas de libros son “bibliocidios”, debido a su calidad de asesinatos rituales y sistemáticos de ejemplares. “No es simplemente un acto de vandalismo contra el papel y la tinta; es un intento deliberado de extirpar la identidad, el pasado y la capacidad crítica de un pueblo”.
Impulsada por la intolerancia y el miedo, se trata de una práctica que atraviesa siglos y que en cada hoguera busca la destrucción del pensamiento ajeno. Así el funcionario citó a Heinrich Heine: "Donde se queman libros, se terminan quemando personas".

“Cuando un régimen decide que los libros de cuentos infantiles o de sociología y o de filosofía son tan peligrosos como las armas, está admitiendo, implícitamente, la potencia revolucionaria de la lectura”, afirmó.
En esa línea se refirió al fenómeno de la "autoquema", en el que ciudadanos comunes destruyeron sus propias bibliotecas por miedo a las requisas. Lograr que el individuo se convierta en su propio censor, destruyendo lo que ama para sobrevivir representa para Vitali "la máxima victoria de un sistema autoritario e intolerante".

“Pero el libro demostró ser un objeto extrañamente resiliente. Por cada pira encendida existió un bibliotecario rescatando volúmenes, un ciudadano escondiendo manuscritos o un bibliotecario de la Biblioteca del Maestro en Córdoba, ocultando en cajas llenas de papeles los libros infantiles y filosóficos prohibidos por la dictadura”, expuso.
Y cerró: “el bibliocidio intenta borrar el futuro destruyendo el pasado, pero ignora que las ideas, una vez compartidas, no pueden ser calcinadas. La memoria y la palabra es en última instancia, un material ignífugo”.



