Los monumentos están a merced de la desidia y el vandalismo
Lucen pintarrajeados, rotos y con un entorno en malas condiciones tanto en el Parque Sarmiento como en otras zonas de la capital cordobesa. Mirá las fotos.
Casi no hay monumento en la ciudad de Córdoba a salvo de la desidia y el vandalismo. Los emplazados en el Parque Sarmiento son una muestra a escala de lo que se observa en el resto de la Capital.
Una recorrida por las 70 hectáreas del principal pulmón verde urbano permite toparse, a cada paso, con desagradables muestras de agresión contra las figuras esculpidas y los pedestales de las obras de arte públicas. Por caso, el conjunto artístico que el Gobierno de la Provincia tributara al brigadier general Juan Bautista Bustos, en el año del Bicentenario, exhibe imágenes que irritan.
Aficionados al aerosol y a las “calco” dejaron su impronta en los frisos de mármol negro que recubren el pedestal sobre el que se erige la figura ecuestre del primer gobernador constitucional de los cordobeses y héroe en la lucha por la independencia nacional. Además, faltan varias baldosas del solado, las fuentes de agua no funcionan y bárbaros anónimos desplazaron una pesada parrilla de acero de la parte posterior del monumento y taponaron con piedras y grancilla los filtros de la fontana, inutilizando el sistema de agua ornamental. Además, ese sector funciona como un retrete a la intemperie.
Unos 30 metros detrás del homenaje al general cordobés que integró el Ejército del Norte, una pequeña fuente seca, cercada con rejas, sirve para pegar afiches con fotos de perros extraviados en los que se promete recompensar a quienes devuelvan las mascotas a los dueños desesperados.
No se salva ni el cura. También la escultura monumental al Deán Gregorio Funes, en la pequeña rotonda frente a la obra en homenaje a Bustos, es víctima frecuente de los garabateadores y terreno fértil para el crecimiento de los yuyos.
Pero quizá la Plaza España, en la entrada principal al parque que diseñara el arquitecto Carlos Thays a fines del siglo diecinueve, no tiene parangón a la hora de ver el fuerte contraste entre las esculturas de los artistas locales que luce el recinto desde la última intervención, en 1980 (a cargo de Miguel Ángel Roca), y los grafitis pintados por los dañinos.
En el otro extremo del pulmón, en la intersección de avenida Riccheri y Concepción Arenales, el busto que recuerda al teniente general Pablo Riccheri luce todo manchado. La escultura que recuerda al autor de la ley del servicio militar obligatorio, tiene inscripciones de enamorados y una dominante que recuerda que “Todo el año es carnaval”.
Lo mismo ocurre en plazas y otros sectores neurálgicos de la capital cordobesa.

