Temas del día:

Mil retazos para una sola ciudad

Lo noto cabizbajo, Juan. Si es por el paseo que nos dio Lituania en básquet, le digo que no se amargue tanto, porque en dos años vamos a los Juegos Olímpicos con Ginóbili y Nocioni. Germán Negro.

10 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Mil retazos para una sola ciudad

–Lo noto cabizbajo, Juan. Si es por el paseo que nos dio Lituania en básquet, le digo que no se amargue tanto, porque en dos años vamos a los Juegos Olímpicos con Ginóbili y Nocioni. –La verdad, no vi el partido ni me complicó la vida. Si le parece que estoy medio meditabundo, vecino, es por otra razón.–Si le puedo ayudar a sacudir el ánimo, cuente conmigo, Juan.–Bueno, no se trata de un problema... Lo que pasa es que anoche pase con el taxi por la plaza Colón, donde tocaba una banda por los 100 años de Alberdi, y me cayó la ficha de la nostalgia.–No me diga, Juan, que salía con una piba del Carbó...–No se trata de amores, vecino. Aunque, si lo pienso bien, me parece que sí. Sería como un amor a la ciudad, a aquella ciudad que nos permitía ver su corazón y nos dejaba disfrutarla.–Está medio cursi, Juan. ¿Qué me quiere decir?–Que me duele el alma, vecino. ¿No recuerda lo que era Alberdi? No había cloacas reventadas, ni pozos ni basura tirada en los brocales. ¿Le parece que podemos festejar un centenario?–Ah, de ahí viene su cara de traste, Juan. Le digo que no es un problema de Alberdi.–Para nada, los barrios tradicionales y otras zonas de la ciudad están casi desvencijados. En especial las calles, vecino. –No me interesa la política, Juan, pero entiendo que la Provincia tomó por asalto a la ciudad por la situación que usted plantea.–¿En qué sentido lo dice?–Que antes de seguir pasando vergüenza, Juan, y con la excusa de que es la Capital, el gobierno provincial trata de cambiarle un poco la cara a la ciudad con algunas obras, como plazas, puentes o la rambla de la Hipólito Yrigoyen.–Seguro que las van a inaugurar antes de las próximas elecciones... –¿Y? Peor es que usted, Juan, no tenga qué mostrarle a los turistas que se suben al taxi o que rompa el tren delantero en alguno de los pozos que hay por ahí.–Ahora lo entiendo, vecino, pero tengo una duda: si el mantenimiento de la ciudad cambia de manos, ¿a quién tenemos que pagarle las tasas municipales?–Ah... No lo había pensado. ¿Usted está al día, Juan?