Mi viejo nunca la vio desde el aire
Ignacio, el hijo mayor de Pedro, dice que su padre teme volar. Por eso sólo la ha visto en fotos. El diario Wall Street Journal hizo que la obra se conociera en todo el mundo.
Ignacio, el hijo mayor de Pedro, dice que su padre teme volar. Por eso sólo la ha visto en fotos. El diario Wall Street Journal hizo que la obra se conociera en todo el mundo. Esa arboleda, entre las más originales del planeta, está allí desde hace más de 30 años. Asombra a los que la ven desde el aire. Desde la tierra, nadie podría sospechar que es lo que es.Pero no sorprende al mundo por estos días sólo esa forma, sino la fantástica historia de amor que le da contenido. Una nota publicada el lunes en el diario norteamericano Wall Street Journal la hizo internacional. En el sur de Córdoba se conoce desde hace una década, cuando los árboles ya crecidos comenzaron a unir el dibujo imaginado.El autor de la obra-ofrenda se llama Pedro Ureta, tiene 70 años y vive aún en ese campo de General Levalle, en el sur cordobés. La hizo en honor a su mujer, Graciela Yraizoz, quien murió muy joven (25 años) en 1977.Sus hijos cuentan hoy que Pedro inició la plantación en 1980. Y que lo hizo porque había sido el sueño de su esposa. A Graciela se le ocurrió cuando desde un avión descubrió las formas caprichosas que dibujaban naturalmente las arboledas en los campos. Y sugirió hacer en el suyo una con la forma del instrumento que amaba. Pero Graciela murió ese mismo año. Pedro decidió concretarla años después, tras consultar a varios y desorientados paisajistas. Por entonces, la familia vivía en Miramar.Cuando la plantación empezó a tomar forma, Pedro y sus cuatro hijos se mudaron a Levalle. Plantar la guitarra fue trabajo de toda la familia, y hacer que los árboles crecieran fue muy difícil, sobre todo en una zona semiárida y con fuertes vientos. Más de una vez debieron resembrar cipreses y eucaliptus.Mientras se ocupaba del campo y la guitarra, Ureta crió a sus hijos: Ignacio, María Julia, Soledad y Ezequiel. Hoy tiene nueve nietos. Con una segunda pareja, Pedro tuvo otra niña: Manuela, hoy de 11 años.El hijo mayor, Ignacio (42), cuenta orgulloso: "En varias ocasiones la vi desde el aire y es una obra que nada tiene que ver desde abajo, en la tierra no alcanzás a comprenderla". Su padre nunca vio la gran guitarra desde el aire, excepto en fotos, porque teme volar. Pero cada día, en la tierra, la puede tocar.

