Mi estado físico me ayudó: el testimonio de un paciente recuperado de covid-19
Víctor Avedano, de 70 años, completa el tratamiento por la enfermedad que causa el coronavirus Sars CoV-2 en su casa. Estuvo 15 días internado en el hospital Rawson, cuatro de ellos en terapia intensiva.
Víctor Avedano (70) había planificado su viaje a la Argentina para visitar a sus familiares con mucho tiempo de anticipación. Desde hace 30 años reside en Florida, Estados Unidos, donde se había jubilado el 1° de noviembre y proyectaba pasar un buen tiempo para visitar a sus hermanas, a los parientes de su esposa –que también se retiró de la actividad laboral el año pasado– y a sus amigos, incluidos los del colegio secundario, que cursó en el Liceo Militar General Paz.
Pero nada salió como esperaba.
Llegó el 11 de marzo en un vuelo directo Miami-Córdoba y el 17 comenzó a tener fiebre. El 20, y por recomendaciones de algunos de sus amigos del Liceo, tomó un taxi hasta el hospital Rawson, donde quedó internado. El 4 de abril volvió a su casa luego de haber estado 10 días en sala común y cuatro en terapia intensiva, con tratamiento por el diagnóstico confirmado de Covid-19.
Su caso fue el gran mensaje de esperanza que compartió un grupo de egresados del Liceo, al que pertenece por caso Horacio Rébora, quien también completa tratamiento (ya en su domicilio) por su infección con el coronavirus Sars CoV-2 en Granada, España, donde vive hace más de 40 años. El gobernador Juan Schiaretti fue compañero de ambos.
Víctor rememora la idea de este viaje. “Siempre veníamos una o dos semanas. Mi señora también se jubiló el año pasado; entonces, dijimos: ‘Vamos un mes a disfrutar de los parientes’. Además, queríamos ir a Mendoza, a hacer el camino del vino. Tengo otros compañeros del secundario ahí”, narra. Y agrega: “La cuestión es que vinimos y salió todo al revés. Desde que llegamos, empezamos a hacer cuarentena y ahora la continuamos”.
Desconoce cómo y cuándo se contagió. “Yo vivo en Florida y ahí había un solo caso cuando vine. Viajamos en un vuelo directo, dormimos toda la noche y llegué acá a las 6 de la mañana del 11. No sé, quizá fue en el avión o en el aeropuerto”, analiza.
Víctor se enfrentó a varias dificultades. Una de ellas es que no tenía obra social o prepaga en Argentina. “Tenía seguro de viaje y tengo seguro médico en Estados Unidos, pero aquí no. Por eso, en un primer momento tratamos de contactarnos con el número de información nacional”, afirma. Y destaca: “Por suerte, tengo compañeros de secundario que me asesoraron y en base a lo que me dijeron me di cuenta de que la mejor alternativa era el Rawson”.
Cuando describe la atención que recibió en el establecimiento público separa las sílabas: “Im-pre-sio-nan-te”.
“Al principio tenía dudas, temía contagiarme de otra cosa, pero me convencieron de que era la mejor opción. Tomamos un taxi con mi señora y allá me dejaron internado en sala aislada”, expone.
Admite que la situación es muy diferente en Estados Unidos. “Allí la salud es muy cara si uno no tiene seguro médico. Existen hospitales, pero, en definitiva, cuando uno sale queda con una deuda que hay que pagar aunque sea con 100 dólares por mes”, explica. “Es muy complicado no tener seguro en Estados Unidos”, remarca.
“En el Rawson me hicieron pruebas, test, radiografías, tomografías y me tuvieron controlado todos los días, a distintas horas, con mediciones de temperatura, presión arterial, pulsaciones, nivel de oxígeno”, dice aún sorprendido. Aclara: “Por supuesto, es muy difícil entrar a una habitación cuando está alguien aislado”. Y expresa gratitud por una médica que iba a verlo a diario.
La parte más dura –reconoce– fue su estadía en la unidad de terapia intensiva. En parte, por un poco de temor que sintió en ese momento, pero sobre todo por el aislamiento total. “Ahí fue tremenda la poca comunicación que tuve con mi familia, por suerte, la doctora la llamaba a mi señora todos los días y le informaba lo que iba pasando”, rememora. Recuerda que la Covid-19 “es una enfermedad infecciosa muy contagiosa”, por lo que –apunta– “todos los que entran al área donde hay un paciente tienen que tener una protección especial: casco, protección ocular y en los pies. Y se lo tienen que sacar antes de salir”.
Había algo que le daba una importante dosis de tranquilidad y que, tanto él, como el director del Rawson, Miguel Díaz, creen que contribuyó en su recuperación: “A pesar de mi edad, y de que por ella soy de alto riesgo, tengo buen estado físico. Hace 15 años que nado mucho: un kilómetro tres veces por semana. Y hago ejercicio”. “Yo creo que eso puede haber influido. Yo creo ser una persona sana, es raro que me agarre un resfrío. En eso confiaba yo, pensaba que todo se iba a arreglar con base en mi estado físico”, asegura.
Antes de que lo dejaran volver a casa, le realizaron dos test que dieron negativo. Ahora tiene que completar otra cuarentena (está en una habitación separada a la de su esposa, quien, curiosamente, no se contagió) y comunicarse telefónicamente en caso de tener algún nuevo malestar.
Mientras tanto, se contacta con sus hermanas y algunos de sus excompañeros del secundario por videollamada, camina en el patio de la casa –“me abrigo bien y salgo”, dice– donde se está hospedando y procura recuperar el peso perdido en la internación. “En el hospital traté de mantenerme activo, aunque fuera caminando. Tenía que moverme, es mi forma de ser también”, revela.
El jueves 9, cuando dialogó con La Voz, fue el primer día en que tuvo una rutina parecida a la de su vida previa al contagio. "Pude dormir bien, en el hospital ingresaban a la sala varias veces, día y noche, por eso tenía el sueño entrecortado", cuenta. Y manifiesta expectativa por el pronto regreso a su casa, en Estados Unidos, país en el que lo esperan sus cuatro hijos, con quienes tiene contacto diario (tres mujeres de 44, 40 y 28 años y un varón de 37). Manifiesta que no teme volver. "Mi casa está allá y, tomando los cuidados, y previsiones no creo que haya problema", señala. Apunta que tenía un vuelo para el viernes pasado Córdoba-Miami, pero que se canceló y que ahora tiene una reserva para el primer día de mayo, aunque no está seguro de que se mantenga. "Ya sabemos mentalmente que no podemos estar seguros de que se realice", confiesa.
“He tomado nota de toda la medicación que he recibido, tengo un médico personal en Estados Unidos y, cuando llegue, tengo que darle esta medicación. Quiero saber si esto me pudo haber afectado en algo, o algún órgano, yo confío en que mi médico me podrá informar bien”, asegura. Y revela: “Me dijeron que el problema del pulmón demora 30 días en curarse porque está inflamado, por eso me han indicado ejercicios respiratorios que hago a la mañana y a la tarde”.
Consultado sobre si se ha enfrentado con reacciones sociales negativas, responde que no: “Veo solidaridad, hay todo tipo de gente, pero creo que son más los solidarios que los negativos”.
Quizá por eso mantiene intacto su estado de ánimo. Y quizá porque –reflexiona– no hace un consumo intenso de información relacionada. “Veo muy poco las noticias. A veces, al mediodía, un poco. En Estados Unidos hago lo mismo. A veces es mejor no ver las noticias”, ríe.
En el Rawson dicen que se aprende con cada caso
El director del hospital Rawson, Miguel Díaz, cuenta que Víctor Avedano recibió el tratamiento establecido por protocolo en Argentina para la neumonía grave por Covid-19, con administración de hidroxicloroquina (que se usa también para la malaria o la artritis reumatoidea y se utiliza en este caso para inhibir fenómenos inflamatorios en el pulmón).
También recibió azitromisina para potenciar el efecto antiinflamatorio y el antivírico lopinavir/ ritonavir, utilizado (aunque cada vez menos) para tratar el VIH.
Coincide con Avedano en que su buen estado físico pudo haber contribuido a su pronta recuperación. “Cuando hacía la revista de sala por videollamada, el personal que lo atendía me contaba que él sólo se ponía a hacer actividad física”, relató Díaz.
“Es una enfermedad nueva, una experiencia nueva en este tipo de pacientes, por eso cada caso es un aprendizaje”, valoró el director del hospital que es la referencia para lo que se viene.

