"Me gusta enseñar, soy un docente de alma"
Su verdadero nombre es Walter Arnaldo Tolaba. Se jubiló de la radio tras 47 años de servicio. Pero no se retiró: graba un programa para Radio María y escribe sus clásicas columnas de opinión.
E n 1993, Julio Márbiz, entonces director de Radio Nacional Argentina, ordenó a todas las emisoras de esa cadena pública difundir música clásica sólo en las últimas horas del día, incluyendo los fines de semana. La decisión perjudicó gravemente a La mañana del domingo , un clásico de la radiofonía cordobesa que se distinguía por el humor esmerado, la sobriedad y el buen gusto. El espacio, que había creado en 1974 y conducía desde entonces, sin intervalos, Arnaldo Pérez Wat, siguió en el aire pero cambió de un extremo al otro de la programación. Iba de 9 a 10.30 el día que los cristianos dedican al descanso y al culto de la fe, y lo ubicaron en el último tramo de la noche. Después, Walter Arnaldo Tolaba (su verdadero nombre) se jubiló de la difusora estatal, tras 47 años de servicio, y se llevó su propuesta a Radio Universidad Nacional de Córdoba. "Cuando pedí el traslado aquí desde Rosario, LW1 era la radio, por jerarquía, más parecida a Nacional. Daba lecciones de alemán, inglés y francés. Pensé que allí podía recuperar a mi audiencia pero no fue así; estuve en la emisora menos de un año", cuenta Tolaba. Seguir, pese a todo. Desde hace una década, los sábados a las 22, Radio María (101.5 FM) emite programas que Pérez Wat graba en la imponente biblioteca que tiene en su departamento céntrico. En ese espacio lleno de encanto también escribe las columnas de opinión que una vez por semana, desde hace 26 años, publica La Voz del Interior . –¿Cuándo empezó su relación con la radiofonía? –A los 14 años, en Rosario. Mi papá trabajó toda su vida en el Correo Argentino. Empezó en La Quiaca y llegó hasta jefe de distrito, razón por la que lo paseaban por todo el país. A esa edad entré al Correo como aprendiz telegrafista. –¿Y qué tenía en común la telegrafía con la radio? –Lo que mucha gente no sabe es que Radio Nacional era una oficina del Correo. Por eso en San Juan, en La Plata, en Santa Fe y en otras provincias, los estudios están en el mismo edificio de la empresa. Acá son vecinos. En aquella época no existía el Comfer y algunos telegrafistas cumplían funciones de radiocontroladores. Su tarea era una pavada: tenían que hacer un triste resumen del boletín diario. De lo único que debían cuidarse era de las probables injurias que salían al aire, porque si se presentaba algún problema judicial, lo primero que hacían era consultar la planilla del telegrafista de turno. Me gustó el trabajo de entrada y pedí ser radiocontrolador. –¿Y cuándo pasó de controlar el "aire" a salir a través de un micrófono? –Después de hacer la "colimba" pedí el traslado a Córdoba. Aquí gané un concurso como redactor (el presidente Arturo Illia había implementado el sistema de concurso para ingresar al Correo), aunque seguí como telegrafista porque mi nombramiento se demoró una eternidad. En 1974 vino el jefe de programación, Humberto Dahbar y me dijo que desde la semana siguiente tenía que hacer un programa los domingos, de 8 a 10, junto con una compañera locutora de apellido Bosio. Así empecé. –¿Se inspiró en alguien para darle a "La mañana del domingo" el estilo que caracterizó al programa? –Me fascinaba Wimpi (Arthur García Núñez), un humorista uruguayo que tenía mucha chispa. Salía todos los días cinco minutos por radio El Mundo y nos dejaba boquiabiertos a todos los que lo escuchábamos. Hacer humor en prosa me parece sumamente difícil, como también la prosa poética. Trato de hacer las dos cosas. Lo que más le gusta. Walter Arnaldo Tolaba completó la carrera de Filosofía en la Universidad Nacional de Rosario. En Córdoba, fue profesor de Filosofía de la Ciencia en la Facultad de Filosofía y Humanidades y en la Escuela de Ciencias de la Información de la UNC. También dio clases en los colegios Monserrat, Deán Funes y Alejandro Carbó, entre otros. Durante la última dictadura militar, le llamaron la atención por enseñar a Hegel en el secundario, pero sin consecuencias graves. "Le envié una nota a la directora del colegio en la que le decía que cómo podían tenerle miedo a un pensador que había muerto hacía 150 años", cuenta con picardía. "Me hicieron sacar ese renglón porque les parecía inapropiado pero después no tuve problemas serios para dar clases, aunque me controlaban un poco", resume. –Da la impresión de que cuando hace radio también adopta la actitud de docente... –Es que si bien planté árboles, tuve hijos, escribí libros y cavé un pozo negro en Alta Gracia (sonríe), enseñar es algo que siempre me gustó. Si tuviera que hacerlo, me definiría como un docente de alma. –¿Qué cosas que le gustan le quedan por hacer? –Me gustaría tener una casa en las sierras para salir a caminar y respirar aire fresco. También me hubiese gustado publicar un libro de filosofía de la ciencia que escribí hace como 30 años pero me faltó plata para hacerlo. Y tener cerca a mis nietos para jugar con ellos y disfrutarlos más.
Nombre artístico
Así se lo conoce. Walter Arnaldo Tolaba es su nombre real, pero la mayoría lo conoce por su nombre artístico. Arnaldo, su segundo nombre. Pérez, el apellido de su madre y Wat, un anagrama de su nombre completo.

