Más que sumar leyes, hace falta que la gente cumpla las que tenemos
A esta altura del año, la costumbre de romper cuadernos y carpetas en señal de finalización del ciclo lectivo deja el tendal en placitas carentes de mantenimiento. Rosa Bertino.
"Fuimos de paseo con el jardincito", comentó fascinada mi nieta de 3 años. Los llevaron a recorrer un flamante shopping y a almorzar en la hamburguesería. Ojalá estas actividades se hagan para inculcar hábitos de higiene y respeto. Da asco ver el reguero de popcorn , gaseosas y envoltorios y cómo los empleados juntan la basura que producen niños y adolescentes de toda extracción social. A menudo están acompañados por un adulto, que también hace caso omiso del contenedor. Dan ganas de preguntarle: "Oiga, señor/a, ¿no vio el cesto? ¿No le parece pésimo que su nenito vuelque la coca en el asiento?" Pero como acá eso es motivo de pelea, preferimos hacernos los otarios. Ayer leíamos que los alumnos de un secundario de barrio San Vicente, en Córdoba, intentan recuperar la plaza del sector. Cómo estaremos que una iniciativa de esta índole es nota de tapa. De hecho, muchas veces hemos sugerido que materias como Biología, Educación Cívica o Formación Ética y Ciudadana incluyan el rescate físico de espacios comunes asolados por la inconducta. A esta altura del año, la costumbre de romper cuadernos y carpetas en señal de finalización del ciclo lectivo deja el tendal de papelitos en placitas carentes de mantenimiento. Durante el resto, las botellas rotas y restos de comida se suman a las deposiciones perrunas. Hay que volver a las plazas, sobre todo para limpiarlas. Sin embargo, la actitud del "yo ensucio/otro limpia", es parte de una filosofía general. En esa línea, cada quien tiene derecho a pedir una ley a su gusto o necesidad. Es el fenómeno conocido como "ley a demanda". Allegados de Gustavo Cerati exigen que el músico continúe con vida artificial. En el otro extremo, un grupo de personas exige se les permita desconectar a un familiar. La llamada "muerte digna", prolegómeno de la eutanasia, tiene media sanción. Gente con hijos casi moribundos a consecuencia de enfermedades raras reclama tratamientos carísimos a la obra social o al Estado. Así es como en este país se promulgan leyes a cada rato, garantizando desde la "identidad de género" a la protección de especies y seres en peligro. Nunca sabemos cuál es su efecto concreto, además de justificar más oficinas y más nombramientos en la esfera estatal. Lo que sí vemos cada vez que salimos a la calle, es un caos. Quizá bastaría con que cada vecino cumpliera la norma respectiva. Por ejemplo, no comprar mercadería a los vendedores ambulantes.

