No lo hagas. Por qué es una mala idea posponer la alarma del despertador: qué dice la ciencia
Especialistas en sueño advierten que usar repetidamente el despertador fragmenta los últimos ciclos de descanso y prolonga el aturdimiento al comenzar el día.
El hábito de aplazar la alarma cinco o diez minutos cada mañana puede afectar la calidad del despertar. Según el científico y terapeuta del sueño Merijn Van de Laar, esta práctica fragmenta los últimos ciclos de sueño y aumenta la llamada “inercia del sueño”, el estado de somnolencia que se experimenta al pasar de dormir a estar despierto.
“El despertador no es intrínsecamente perjudicial, pero puede ser perturbador si te despierta en una fase de sueño profundo”, explicó el especialista.
Qué ocurre cuando suena varias veces la alarma

Cada vez que se pospone la alarma, el cuerpo inicia un nuevo proceso de transición del sueño a la vigilia. Ese arranque repetido implica cambios fisiológicos, como la aceleración de las pulsaciones.
Cuantas más alarmas acumuladas, mayor suele ser la inercia del sueño al despertarse. Esto significa que la persona tarda más tiempo en sentirse plenamente alerta y puede permanecer aturdida durante buena parte de la mañana.
El especialista señala que estas transiciones constantes consumen energía y pueden generar mayor cansancio y somnolencia.
Por eso, recomienda programar el despertador para la hora límite en la que realmente es necesario levantarse e intentar despertarse una sola vez.
Despertador y “jet lag social”
Van de Laar también advierte que el uso del despertador puede contribuir al llamado jet lag social, especialmente cuando el horario laboral o académico está muy alejado del ritmo biológico natural de la persona.
Despertarse antes de que el cuerpo complete su ciclo natural puede afectar la regularidad del sueño. Sin embargo, reconoce que en la práctica muchas obligaciones impiden ajustarse por completo al ritmo interno.
En ese contexto, lo más importante es preservar la calidad y la constancia del descanso.

¿Es normal despertarse durante la noche?
Lejos de ser un problema en sí mismo, los despertares nocturnos son habituales. En promedio, las personas pueden permanecer despiertas hasta un 20% del tiempo total que pasan en la cama.
Mientras esos episodios sean breves y no generen ansiedad, no deberían considerarse patológicos.
El especialista también cuestiona el mito de las ocho horas seguidas como estándar universal. Solo entre el 15% y el 25% de las personas duermen ocho horas o más. Las necesidades individuales suelen variar entre seis y ocho horas diarias.
Claves para mejorar la calidad del sueño
Entre las principales recomendaciones para optimizar el descanso, el experto destaca:
- Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse, incluso los fines de semana.
- Exponerse a luz natural por la mañana y reducir la luz intensa por la noche.
- Dormir en ambientes frescos, entre 18 y 20 °C.
- Realizar una rutina relajante de 30 a 60 minutos antes de acostarse.
- Practicar actividad física de manera regular, evitando ejercicio intenso justo antes de dormir.
- Evitar comidas copiosas, cafeína y alcohol en las horas previas al descanso.
- Garantizar un entorno cómodo y con pocas interrupciones.
La evidencia sugiere que no es el despertador en sí el principal problema, sino cómo se utiliza. Minimizar las alarmas repetidas y respetar la regularidad del sueño puede marcar la diferencia en el nivel de energía al comenzar el día.



