Madonna y el "ninguneo" a los argentinos
Este fue uno de los temas más conversados a lo largo de la semana, además del video hot de Florencia Peña, las chifladuras del tiempo y cuánto engordaremos durante las Fiestas. Rosa Bertino.
"A los chilenos no les hacen estas cosas, porque ellos no se dejan basurear como nosotros… Bien que la abuchearon y le metieron más de 400 denuncias porque el show no fue lo que prometió", arengaba una rubiecita en la cola de la farmacia. Obviamente, se refería a Madonna y a su fallida presentación en Córdoba. "Era tardísimo cuando, por fin, (Madonna) se bajó de los tacazos y bailó una media hora", remató la improvisada oradora. Este fue uno de los temas más conversados a lo largo de la semana, además del video hot de Florencia Peña, las chifladuras del tiempo y cuánto engordaremos durante las Fiestas. No vemos la hora de que termine el año, para ver si alguien deja de hacer paro y/o manifestación, y la cabeza no da para especulaciones existenciales. Comparadores. Además de paz interior, al año entrante le pediríamos un poquito de autoestima. O más ejercicio de autocrítica. El comentario de marras no es casual. Nos vivimos comparando con los demás y cualquiera resulta ser "mejor". En todo caso, habría que preguntarse por qué. Es verdad que los pueblos vecinos son más organizados o menos caóticos, pero es parte de una idiosincrasia más apegada al orden y respeto por el cliente. Se nota en el tránsito y en la costumbre de dar ticket hasta por una mínima compra. Además, nadie vive tan exasperado y a la arrebatiña como nosotros. O por lo menos lo disimula. Atropelladores. Un par de anécdotas, surgidas del show del sábado pasado, son más ilustrativas que el inédito corte de energía, los larguísimos entreactos o las pocas ganas de danzar de la "reina del pop " (dicen que ni punto de comparación con el espectáculo que brindó en River en 2008). Los aspectos más censurables de este u otro evento multitudinario tienen que ver con nuestro propio "ninguneo". A pocas horas del recital, los que tenían entradas numeradas fueron llegando al estadio. Para eso, habían pagado alrededor de 1.200 pesos por unidad. Cuál sería su sorpresa al encontrarse con que sus asientos ya estaban ocupados por quienes habían encontrado los suyos ocupados, y así sucesivamente. Alguien intentó llamar a un guardia y este casi se le ríe en la cara. "¿Y yo qué quiere que haga?", se irritó una acomodadora, como recién llegada de Marte. "Haga como los demás… vaya y ubíquese donde vea lugares vacíos", aconsejó la gentil y desbordada señorita. Puede sonar exagerado, pero si así procede una franja poblacional que pagó el equivalente a 250 dólares por una platea (una barbaridad en cualquier parte del mundo), ¿qué podemos esperar de gente con menores recursos y peores urgencias? "Haga como los demás". "Haga como los demás": a esa frasecita la tenemos incrustada en el ego, sin percatarnos de cuán mortífera es. El mensaje subliminal es: "Si todos se portan mal, yo no voy a ser el estúpido que proceda correctamente". Pues así debería ser. Viva la estupidez, la cautela y el "usted primero". A la salida del estadio, los que habían ido en auto se encontraron con un panorama bastante habitual. No hay inspectores suficientes ni coordinación previa. El estacionamiento está en manos de "privados" que hacen lo que pueden. Y lo que quieren.Por ejemplo, esta vez habían unificado el regreso por el Cerro (norte de la ciudad), desviando enormemente a los que viven en el sur. En respuesta, todo el que tenía un coche que aguantara se mandó por encima de los canteros intermedios hasta alcanzar la avenida Cárcano en dirección al Tropezón. Fue suficiente que uno tomara la iniciativa, para que el resto se plegara. Ya pasará. Algún día también copiaremos al vecinito de a la vuelta, que con sus manos construyó un enorme ventilador de azotea para captar la energía eólica. El barrio lo observa entre maravillado y asustado, secretamente convencido de que "esos" son líderes.

