Seguridad alimentaria. El lugar inesperado donde guardar las bananas para que duren más (y que muchos evitan)
La piel se oscurece, pero la pulpa se conserva intacta. Una especialista culinaria explica cuándo y cómo aplicar este método.
Comprar bananas y que se pongan blandas y marrones en pocos días es una experiencia casi universal.
El problema tiene una causa concreta, el etileno, un gas que las propias frutas liberan, y una solución que muchos evitan por un malentendido.
El gas que acelera la maduración

El etileno se libera principalmente por el tallo de la banana y convierte el almidón en azúcares simples, ablandando la pulpa y oscureciendo la piel. En espacios cerrados o con temperaturas superiores a 20°C, ese proceso se acelera notablemente.
Aunque una solución popular es apartarlas del resto de frutas, una chef resalta que guardarlas en un lugar inesperado que muchos evitan puede ser la clave para que duren más.
Cuándo meterlas en la heladera
La chef Rachel Sherwood indica que la heladera sólo funciona cuando las bananas ya están maduras. Introducirlas antes puede interrumpir el proceso de maduración y afectar su sabor y textura al consumirlas.
Una vez maduras, el frío de la heladera frena la producción de etileno y extiende su vida útil varios días más.

La piel se oscurece, pero no pasa nada
El efecto secundario visible es que la piel de la banana se vuelve marrón oscuro en la heladera. Esto ocurre porque, al ser una fruta tropical, es sensible a temperaturas menores de 10°C.
Las membranas celulares de la piel se rompen y liberan una enzima, la polifenoloxidasa, que reacciona con el oxígeno y genera esas manchas oscuras, según el blog culinario Directo al Paladar.
Pero es sólo un cambio estético. La pulpa mantiene su sabor y textura intactos.
¿Se pueden congelar?

Sí. Si hay un excedente de bananas maduras, se pueden congelar directamente.
La piel se ennegrece, pero la pulpa queda en perfectas condiciones para usar en licuados, budines o helados.
La banana es de las frutas más consumidas a nivel local. Según estadísticas de la Cámara de Bananas y Afines, el consumo per cápita anual en Argentina ronda los 12 kilos. De ese número, aproximadamente el 15% es de origen nacional, producidas en Salta, Formosa y Jujuy, y el 85% restante es importado de países como Ecuador, Bolivia, Brasil, Paraguay y Colombia.
Es fácil de transportar y de consumir, incluso sin ensuciarse, después de haber sido pelada. Su ingesta está presente en el trabajo, en los momentos previos a realizar actividades físicas, o incluso de postre. Además de ser un excelente ingrediente para budines y tortas, ya que aporta humedad y dulzura natural.



