Los vecinos se apropian de los sitios de calidad
Por qué no pensar así en otras zonas que suman hectáreas y hectáreas de abandono y basura.
Hace unas semanas, en estas páginas reflejábamos el fenómeno de los barrios cerrados y cómo se multiplicaron en los últimos 25 años en la Capital y en el resto de la provincia. Con un efecto altamente negativo para la ciudad (tanto que el urbanista catalán Jordi Borja los llama “urbanicidios”), son ejemplo de una sociedad cada vez más segregada, cuyos grupos buscan la seguridad de los pares, de sus iguales.
Entre los efectos negativos, está el abandono de los espacios públicos extramuros, que en cientos de ejemplos de barrios cordobeses provocan un efecto negativo sobre las propiedades cercanas. Abandonados, sin apropiación social, terminan siendo peligrosos tugurios. Como ejemplo, está el Parque de la Vida, en barrio Parque Capital, cuyas decenas de hectáreas están subutilizadas.
Sin embargo, es claro que las personas no pueden (ni deben) vivir encerradas. Y cuando se les ofrece un sitio de calidad, lo apropian de inmediato. Esa es la razón del “éxito” del Parque Las Tejas, en Nueva Córdoba; casi nadie recuerda la polémica por la demolición de la ex-Casa de Gobierno y ahora es invadido a diario por miles de cordobeses.
O del Parque del Kempes, en el noroeste, que rodea al estadio y ofrece decenas de hectáreas donde se anda en bicicleta, en patines, se corre o se camina. Ese paseo, equipado con una posta policial y cerrado desde las 20, se convirtió en un ejemplo de cómo crear espacios verdes de calidad.
Deberían ser ejemplos a multiplicar. Por qué no pensar sitios así en la zona de Campo de la Ribera, en el sudeste, que suma hectáreas y hectáreas de abandono y basurales. O en el noreste, en la zona del Liceo Militar.
O al menos, una guía para recuperar gran parte del millar de plazas barriales, para las que no hay mucho más que un corte de pasto y una mano de pintura sobre juegos destruidos.

