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Los roles de "nena" y "nene" ya se ven en el Jardín

Un estudio devela cómo desde muy pequeños las niñas y los niños ya adquieren conductas diferenciadas. Los juegos son el ejemplo.

22 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Los roles de "nena" y "nene" ya se ven en el Jardín

El escenario: una salita de 4 años de la ciudad de Córdoba. En un rincón, "la casita", donde predominantemente juegan las niñas. En otro rincón, el espacio "de construcción y autitos". No es difícil imaginar quiénes juegan allí. Las nenas, en "la casita", simulan preparar y servir la comida, planchar y lavar; cuidan al bebé o se sientan en la mesa y conversan. Los varones casi no visitan el lugar. Salvo excepciones. Por ejemplo, uno entra, simula ser el "papá", se sienta en la mesa y espera la comida. O reclama el té. También entran otros pero con un actos hostiles: tiran los juguetes que las chicas están usando.No es una situación guionada o inducida. Es una de las observaciones de la investigadora y psicóloga Marina Tomasini sobre la socialización cotidiana de los chicos en el Jardín de Infantes.Con el convencimiento de que "instituciones como la familia y la escuela tienen un rol central en la inculcación de conductas convencionales en la transmisión de normas que definen los comportamientos considerados femeninos y masculinos", Tomasini realizó su tesis doctoral basada en la observación de tres salas de 4 años de la Capital y la complementó con entrevistas con los maestros y análisis de la documentación de las instituciones.La psicóloga constató cómo los espacios y objetos del ámbito de la educación inicial están plagados de actos de clasificación sexual, lo que forma parte del proceso de "generización", esto es, "inducen a instaurar al niño o niña como miembro de una clase sexual e identificarse como perteneciente a ella". Así, "a la hora de reproducir roles en los juegos, las mujeres aparecen ocupándose de las tareas doméstica y los varones son los que 'se van' a trabajar al espacio extradoméstico", dice el estudio. En ese contexto, la autora asegura que si el juego aporta información sobre los modelos que los niños y las niñas van incorporando como posibles y esperables, se puede conjeturar que las responsabilidades en el trabajo doméstico todavía es una pauta identificatoria para las niñas. "Las nenas no juegan con autitos". Otra situación: Alan, Milagros y Rocío se ubican en el rincón de la construcción y toman una bolsa con maderitas. Alan toma la mayoría de las piezas y le dice a las chicas: "No van a jugar, vayan con las chicas". La discusión continúa e, incluso, la maestra debe intervenir. Es que sobre ese rincón, afuera de la casita, donde hay autitos, bloques y herramientas se oyen frases de los chicos como "las nenas no juegan con autitos", "los autitos son de los varones" y cuando las chicas quieren compartir ese ámbito, vienen las controversias. El rol de las maestras. Estos comportamientos podrían ser considerados "aprendidos" en la casa familiar. Sin embargo, las maestras tienen un rol fundamental: el de reforzar o no esas diferencias. Así, del estudio se desprende que si bien en general la distribución diferenciada en los lugares de juego acontecía implícitamente, "a veces las docentes ayudaron a reforzar las marcas de género inscriptas en los espacios y los objetos".¿Un ejemplo? La maestra saca de un armario un cochecito de bebé, mira a un grupo de niñas y les dice: "Miren lo que traje para las chicas". Victoria toma rápidamente el carro y camina por la sala. Otras chicas caminan detrás de ella, se lo piden y ella niega a prestárselo. Así, Tomasini se encontró que muchas veces las educadoras tratan de manera diferentes a las nenas y varones y, en ese hacer, transmiten estereotipos.Sin embargo, en algunas diputas por el uso de juguetes, Tomasini observó que las maestras intentaron "borrar las distinciones de género de aquellos objetos que en algún momento ellas mismas colaboran a reforzar". Otros hallazgos. La existencia de espacios ocupados predominantemente por varones o nenas (en palabras de la autora, espacios y objetos de juegos "genéricamente marcados") es sólo una de las categorías de análisis que se encuentran en la investigación de Tomasini. Entre muchos otros hallazgos, la psicóloga observó cómo el género (o sea, los comportamientos y valores social, cultural y/o arbitrariamente atribuidos a las personas según su sexo biológico) actúa como un principio de clasificación de persona, como el modo de agrupar a los niños en conjuntos separados y opuestos. El ejemplo prototípico: formar en fila separadas a nenas y a varones."Estas prácticas tan banales y de rutinas tienen algunas implicancias: (...) se plantea la relación entre niñas y varones en términos de competencia, de quién le gana a quién", dice la autora. En otras palabras, de ello surgen tres significados: "las nenas y los varones son diferentes", "las nenas y los varones son opuestos" y "las nenas versus los varones".Las diferenciaciones entre lo que supuestamente debe ser y hacer la mujer, y lo que debe ser y hacer el varón comienzan desde pequeños. Sólo hace falta poner el ojo en esa premisa para descubrir cómo estas divisiones están en todos lados.