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Los 600 pesos que percibirá Fernanda

Hay que romper la cultura del asistencialismo. Se deberían fomentar buenos planes de primer empleo, con reducciones impositivas.

09 de febrero de 2014 a las 02:56 p. m.
Los 600 pesos que percibirá Fernanda

Fernanda tiene 19 años y hace un mes que estrenó trabajo como expendedora de combustible en una estación de servicios. Cobrará 4.700 pesos por mes hasta que la efectivicen; después serán 5.200 y horario corrido. Eso particularmente la entusiasma, porque hoy trabaja cuatro y cuatro, seis días a la semana. Vive lejos, viaja mucho y está agotada.Teme que en marzo, cuando empiecen las clases, no pueda sostener ese ritmo: está cursando de noche en el Cenma, pero le falta todavía un año completo.Fernanda tiene chances de formar parte del minúsculo universo de jóvenes con salarios formales.De los 4,5 millones de jóvenes argentinos de entre 18 y 24 años de edad, apenas el 15 por ciento tiene trabajos en blanco, algo que le prometieron a Fernanda al mes número tres.Un 30 por ciento tiene trabajos informales (con un promedio de ingresos de 1.800 pesos al mes) y 55 por ciento no trabaja. De estos casi 2,5 millones, casi el 60 por ciento estudia y poco más del 40 por ciento no hace nada: ni estudia ni trabaja.La mamá de Fernanda fue la que le avisó del Plan Progresar, el último que implementó la Administración Nacional de Seguridad Social (Anses) y que consiste en un subsidio de 600 pesos mensuales para los jóvenes de esa edad que retomen, inicien o mantengan los estudios.La mamá de Fernanda ya la inscribió. La mamá de Fernanda espera los 600 pesos, una forma de reemplazar la asignación universal por hijo que perdió hace un año, cuando Fernanda cumplió los 18.En dos semanas, se anotaron 189.904 jóvenes en todo el país, 8.781 en Córdoba. El Plan Progresar intenta ser una respuesta desde el Estado para esa generación de jóvenes de horizontes truncados.Pero el problema es que, a pesar de que Argentina ofrece educación gratuita a nivel primario, secundario y universitario, la percepción generalizada es que el estudio no garantiza buenos empleos. Es más: la educación no garantiza nada.El drama de esa generación de ni-ni está en la falta de oportunidades de trabajo: tres de cada 10 cobran menos de un salario mínimo y cuatro de cada 10 no trabajan; muchos porque no encuentran, otros porque encuentran en otras actividades ingresos superiores al que obtendrían trabajando y están los que no conocen la rutina del trabajo. Sin rutina Como dice el especialista Daniel Arroyo, exviceministro de Desarrollo Social de la Nación, el problema está en "sostener la rutina del trabajo". Saben muchas veces qué hacer, pero les cuesta ir a trabajar todos los días ocho horas, "en parte porque muchos no han visto trabajar ni a sus padres ni a sus abuelos".El Plan Progresar refuerza el círculo del subsidio perpetuo que, en definitiva, acentúa la condición estructural de pobreza y marginalidad.El subsidio por hijo o por escolaridad (extendido hasta los 24 años) debería pagarse en todos los casos, pero a quien trabaje. Hoy los controles de la AUH son tan laxos que hay muchos casos de chicos de esta generación ni-ni que la cobraron hasta los 18, pero dejaron el secundario en segundo año.Estos chicos que ingresan a la vida productiva tendrán ahora menos incentivos para buscar empleo y es altamente probable que logren acreditar estudios –la condición para acceder a los 600 pesos– sin siquiera pisar un aula. El Progresar copia la metodología de la AUH.Hay que romper la cultura del asistencialismo permanente. Se deberían fomentar buenos planes de primer empleo, con reducciones impositivas para quienes los contraten y becas económicas mucho más sustanciosas que 600 pesos o los 1.500 que ofrece la Provincia.Lo primero que hay que lograr es que en el horizonte de esta generación reviva la percepción de que está bueno ganarse la vida trabajando. Es un ejercicio practicado a diario por los millones de argentinos que pagan sus impuestos y producen los bienes y servicios que todos necesitamos.Lo segundo a trabajar es la convicción de que, si bien la educación no garantiza buenos trabajos, sin educación sólo se accederá a malos empleos.