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Lito, el gran maestro de los feriantes

Ángel Miguel Casadidio tiene un puesto en la feria que recorre la Capital desde 1980. Lo acompañan su esposa, su hijo y su nuera. Todos los días, les toman el pulso a los barrios y son testigos de cómo cambiaron las costumbres de las familias.

15 de octubre de 2016 a las 12:01 a. m.
Lito, el gran maestro  de los feriantes
(Raimundo Viñuelas)

La primera vez que Lito fue al médico fue en 2013. Era un domingo y, con 60 años, un ACV isquémico lo obligó a él y a toda su familia a replantearse la vida entera. Desde 1980 trabajaba en el puesto de frutas y verduras número 36, en una de las seis ferias francas que habilita la Municipalidad de Córdoba. Era ferroviario, pero el hermano de don Ángel Miguel Casadidio, que vendía pescado, lo convenció: "No es para tirar manteca al techo, pero vas a estar mejor", le dijo. A 36 años de aquella propuesta, las dos cosas se cumplieron. Pero nada fue sin sacrificios.Hoy toda la familia trabaja en la feria 6, una de las que recorre la ciudad. Cuando Lito se enfermó, su hijo Daniel asumió la titularidad del puesto junto a Adriana, su pareja. Marta, su esposa, sigue al frente con el puesto de quesos, dulces y frutos secos que también tiene en la feria hace años, y don Lito va todos los días, pero a eso de las 7. El trabajo para todos (tienen dos colaboradores) arranca a los 5: hay que llegar al barrio, armar la tienda, ordenar la mercadería y ponerle los precios. Por día, pasan por el puesto entre 80 y 100 personas. A las dos de la tarde desarman y Daniel va al Mercado de Abasto para comprar lo que se venderá al día siguiente. Vuelve a su casa como a las 19. El camión queda cargado hasta la madrugada, cuando todo vuelve a comenzar. Cuando hace mucho calor hay que ir directamente a las quintas de noche, para buscar la verdura recién cortada.

(Raimundo Viñuelas)
(Raimundo Viñuelas)

Con 36 años como puestero, Lito es testigo de transformaciones vitales en el pulso ciudadano.

La primera, la de la vida de barrio. Ir a la feria es sinónimo de tener tiempo: en su mayoría son mujeres, probablemente jubiladas, que compran en 10 minutos pero pueden estar hasta una hora haciendo sociales con las vecinas. “Acá charlamos todo el tiempo, la cola es un lindo chusmerío”, bromea. Pero esas clientas tradicionales van mermando: han cambiado los formatos de familia y de consumo de frutas y verduras. “En las familias ya no trabaja el hombre, trabajan los dos. Entonces no hay tiempo ni de venir a comprar a la mañana ni de cocinar tanta verdura, porque los dos están trabajando”, dice Daniel.

Algunos se organizan y pasan breves minutos antes de ir al trabajo, sin conversar demasiado. Otros le piden a la abuela, madre o suegra que les compre y después pasan a buscar el cajón. “Hay clientas que llevan para ella y para las hijas que no pueden venir”, cuenta Marta. Y están los que, directamente, compran los fines de semana en el súper o a la tarde en alguna de las tantas verdulerías que han aparecido en los barrios. “Todo es competencia, se vende menos... Antes en esta feria éramos como 20”, dice Lito. Hoy, en la de Poeta Lugones, son apenas cuatro.

El puesto de Lito, como quedó bautizado, está los martes en barrio Centenario, los miércoles en Poeta Lugones, los jueves en Providencia, los sábados en Yofre Norte y los domingos, en Villa Argentina. Lunes y viernes no hay puesto, pero hay que ir igual al Mercado.

“El trabajo diario es duro, hay que ponerle el cuerpo”, dice él. “Hay gente todo el tiempo, siempre. En una verdulería capaz que te aburrís, acá son ocho horas al palo”, apunta Adriana. Ella atendía el puesto de flores de su mamá y en la feria conoció a Daniel: ensamblaron los hijos de cada uno en una nueva familia y se pusieron al frente del puesto (ahora el 35) cuando a Lito la salud le jugó una mala pasada.

“Siempre hemos vivido del puesto, somos dos. Hay que tener cuidado, porque a lo mejor un día ganás bien, pero otro día llueve o hace mucho calor y se te echa a perder todo. Hay que guardar porque mañana no sabés”, recomienda.

“Es un trabajo muy sacrificado”

Lo dice Héctor Fontán, director municipal de Ferias y Mercados.

Fontán lleva dadas unas mil capacitaciones a feriantes de Córdoba. Apunta que “lo ideal es que menos del 10 por ciento de frutas y verduras se pierda, aunque hay casos en que el desperdicio llega al 30”.