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Las licencias, un debate más profundo

Las licencias pagadas por el Estado tras el nacimiento de un niño son repensadas hoy a raíz de las derivaciones del reconocimiento del matrimonio igualitario.

27 de junio de 2013 a las 02:02 p. m.
Redacción La Voz
Las licencias, un debate más profundo

Las licencias pagadas por el Estado tras el nacimiento de un niño son repensadas hoy a raíz de las derivaciones del reconocimiento del matrimonio igualitario. Sin embargo, más allá de las uniones entre personas del mismo sexo, es buen momento para replantear la concepción de las licencias y, con ellas, los roles que el Estado afianza: es decir, que la mujer debe cuidar los hijos mientras el varón trabaja.

Los nuevos roles de los padres y las madres que se plantean desde que la mujer se incorporó masivamente al mercado laboral aún no tienen correlato en la brecha que existe entre los dos días de licencia por paternidad (cinco en la administración pública nacional u ocho en la provincial) y los 90 días de licencia por maternidad que prevé la Ley de Contrato de Trabajo (LCT) para el sector privado.

En el ámbito provincial, el gobierno de Juan Schiaretti perdió una oportunidad histórica para reconocer que hombres y mujeres tienen tanto el derecho como la responsabilidad del cuidado de los chicos.En 2011, se decidió alargar la licencia por maternidad a seis meses para docentes y empleados públicos provinciales. Pero no se contempló la posibilidad de que esos meses "extra" puedan ser compartidos –como sucede en algunos países y en la UNC– por el otro integrante del matrimonio (varón o mujer) que también fuera docente o empleado público provincial. En el ámbito nacional, hay antecedentes de proyectos que pretendían establecer una mayor licencia por paternidad. Entre los recientes que lograron algún avance legislativo están el de 2006 que, con media sanción en Diputados, buscaba elevar la licencia por paternidad de la LCT a 15 días y el que obtuvo media sanción del Senado en 2010, que lo llevaba a cinco días. Sin embargo, ninguno prosperó.Así, los escasos beneficios en relación con la paternidad son discriminatorios para el hombre y, a la vez, refuerzan el lugar de la mujer como cuidadora y el de hombre como un trabajador ajeno a los asuntos familiares.