Una libertad más para los niños
La ley sí dio un horizonte de posibilidades para conquistar otros derechos que hoy están en agenda, como la Ley de Identidad de Género. Laura Leonelli Morey.
- Desde hoy, Argentina es un lugar mucho más lindo donde vivir. - Así es. Una libertad más. ¿Sabías que voy a ser papá? Mellizos. Varones. Futuros jugadores de rugby. Estoy muy feliz. Es un país más lindo para que vivan mis hijos.Ése fue el mini intercambio de e-mails entre dos viejos amigos –la primera cordobesa, el segundo de Buenos Aires, ninguno militante de organizaciones de la diversidad– que hacía años no tenían contacto pero que el 15 de julio de 2010, el día en que el Congreso sancionó la Ley de Matrimonio Igualitario, se escribieron para compartir el momento histórico que el país y toda América latina vivía.La ley no logró la igualdad en todos los planos. No borró las discriminaciones que aún hoy viven las personas por su orientación sexual. La ley no suprimió de la lista de insultos socialmente naturalizados los "puto", "torta" o "maricón", palabras que se refieren a la homosexualidad. La ley no quitó la vergüenza y el pavor que todavía provoca a muchas personas –niños, jóvenes, adultos– reconocerse públicamente, incluso ante sus afectos, como gays o lesbianas.Tampoco logró que las provincias bajen masivamente a los colegios los cuadernillos del Ministerio de Educación de la Nación que, entre otras cosas, hablan de la diversidad sexual con el objetivo de avanzar con educación hacia la tolerancia.Pero sí dio un horizonte de posibilidades para conquistar otros derechos que hoy están en agenda, como la Ley de Identidad de Género. Y lo que seguro contribuirá a lograr, a través del paso del tiempo, dentro de años, es que los niños que vengan y los de hoy –como Ulises y Romeo, los mellizos recién nacidos, futuros jugadores de rugby– crezcan en una sociedad donde ser gay o lesbiana sea tan trascendente o intrascendente como ser heterosexual.

