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Las otras cárceles de la ciudad

El de las alarmas comunitarias es un buen ejemplo para debatir porque pone el eje en la prevención más que en la represión.

04 de julio de 2016 a las 12:01 a. m.
Las otras cárceles de la ciudad

¿Contribuimos los medios a potenciar la sensación de inseguridad cuando hablamos de inseguridad? ¿Fomentamos la intolerancia cuando reflejamos determinados hechos delictivos de determinada manera? Son dudas permanentes que surgen cuando se trata de difundir noticias o contenidos relacionados con este fenómeno, uno de los que más preocupa a la población. No significa que siempre lo resolvamos de la mejor manera o de la forma en que a unos y otros les gustaría, según su concepción. Precisamente, más allá de lo periodístico, en estos casos estamos expuestos también a cuestionamientos derivados de la tendencia que cada uno profese en esta materia. Además, los interrogantes mencionados al principio se agrandan cuando las políticas de seguridad no siempre son del todo claras.A veces, las autoridades son reactivas a la difusión mediática de determinados hechos, deciden al instante según la reacción del público, y entonces se tiende a confundir los roles. El tema de las alarmas comunitarias, que se despliega hoy en las páginas 3 y 4, es parte de este desafío.Está claro que no se puede dejar de reflejar algo que la mayoría de los cordobeses percibe como el principal problema que afecta su vida cotidiana. El punto es cómo hacerlo. Si nos transformamos en meros amplificadores del clamor popular que ante cada hecho grave pide mano dura, nuestro trabajo no tendrá mucho sentido.Si, en cambio, reflexionamos a partir de hechos concretos, poniendo la lupa en la responsabilidad de cada estamento y evitando consignas automáticas, podemos contribuir de alguna manera al debate. Tal como lo intentamos hacer en el Primer Plano de hoy.El de las alarmas comunitarias es un buen ejemplo porque pone el eje en la prevención más que en la represión. Y coloca en el mismo nivel de discusión a Policía y vecinos, para tratar de que un barrio no se convierta en una cárcel, sino en un espacio público disfrutable por todos.