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Las lecciones que no damos

Si los chicos tienen o no razón en tomar escuelas es una discusión que quizá no sea tan importante saldar ahora. Edgardo Litvinoff.

03 de octubre de 2010 a las 12:01 a. m.
Las lecciones que no damos

Si la hacen los chicos que reclaman contra la gestión de Mauricio Macri, los funcionarios kirchneristas dirán que está bien: es una protesta genuina. Para los macristas, en cambio, los estudiantes están siendo manipulados por el Gobierno nacional. Si la hacen los universitarios venezolanos en reclamo de presupuesto, participación y libertad de expresión (como en mayo de 2007), para los chavistas son enemigos de la América bolivariana, digitados por la oposición golpista. Para los opositores al régimen, en cambio, es un reclamo genuino de jóvenes que abominan del diablo chavista. Y a similares condiciones de protesta, un kirchnerista –por ejemplo– no dirá lo mismo de los estudiantes porteños que de los venezolanos. En un caso, justifica el reclamo; en el otro, no.Si la hacen estudiantes cordobeses, dependerá de quién opine. Para el oficialismo, es una protesta digitada por movimientos ligados a ciertos partidos. Para esos partidos, se trata de una situación genuina. Para los políticos opositores, es la consecuencia del desmanejo provincial de la educación. Esto demuestra que a las partes involucradas (salvo a los chicos) poco les importa el verdadero fondo de la cuestión (qué motiva la protesta, cómo se llega a eso, qué pasó con los otros canales de participación, etcétera), sino más bien tratar de aplacar los ánimos o bien enardecerlos, de acuerdo al lugar del arco político en el que se esté.Por eso, también se empantanan quienes tratan de descifrar si la protesta "está bien" o "está mal". Eso le pone una trampa al debate, porque nadie tiene toda la razón y probablemente haya un poco de cada argumento para explicar los acontecimientos: desde el ejemplo de los docentes –que no logran encontrar una salida creativa a sus reclamos que escape a la suspensión de clases– hasta el contexto de escuelas que sí necesitan arreglos urgentes pero que no se sumaron a la movilización. Otro ejemplo: quizá en este caso no sea tan grave la "intromisión de la Iglesia Católica" en el anteproyecto de la ley de educación, pero su rechazo por parte de los alumnos puede expresar la sensación social que existe al respecto con otros temas donde eso es más evidente: matrimonio homosexual, despenalización del aborto o salud reproductiva (que concierne a muchos jóvenes en edad estudiantil). Siempre es saludable que los chicos se movilicen. Si tienen o no razón en tomar escuelas, es otra discusión que quizá no sea importante saldar ahora, como sí los motivos que la provocan. Las autoridades parecen entenderlo. Igual, es notable cómo a los adultos nos cuesta mirar y comprender el reflejo de nuestras propias acciones. Puede que este conflicto sea una buena lección.