La violencia, un fenómeno encadenado
Como parte de la iniciativa integral de Daia Córdoba en apoyo de la educación es fundamental ampliar la mirada hacia todos los actores sociales capaces de generar violencia.
–Yo no quería lastimarlo, pero pasó. Sí, a veces peleamos; cosas normales del cole. ¿Cómo fue? …yo volvía del baño y él estaba tapando la puerta del aula. Él es así, como todos los de su raza, ya sabe. Lo empujé para pasar y no se movió; entonces le tiré una piña. Nada raro, una piña. Ahí empezó a insultarme. Salieron otros compañeros gritando y todos nos pusimos como locos. Hasta el profe gritaba. Todos se empujaban. El problema es que se cayó y golpeó con la cabeza, y ahora la culpa la tengo yo. No, no fumo. ¿Alcohol? Alguna vez en una previa, pero poco. Es tarde, mi mamá está esperando. ¿Me puedo ir?
–De chico era tranquilo, no nos daba problemas. Pero ahora, de grande, se nos fue de las manos. Al padre lo ve poco. Sí, estamos separados. Pero escúcheme: ya lo echaron de dos colegios y ustedes son los únicos que lo aceptan. Por eso les pido que tengan consideración. Si no, ¿a dónde va a ir? No, no sabía que el otro chico está tan grave. Él no me contó, fue otra madre. Yo opino lo mismo, que alguien tiene que ponerle límites, pero pensé que en el colegio se iba a enderezar. ¿Mi marido? Exmarido: buen hombre, pero un poco nervioso, muy rígido. Criado a la antigua, lleno de prejuicios, en especial con los de otra religión. Siempre se hacía lo que él decía; yo no estaba de acuerdo, aunque seguíamos juntos. Tuvimos muchos problemas, sí. Empezamos a pagar un lote para hacernos la casa con una empresa que parecía seria; confiamos y les dimos nuestros ahorros: todo. Cuando desaparecieron perdimos hasta el último centavo. Desde entonces mi marido (mi exmarido) empeoró. Le gritaba todos los días; sí, a veces le pegaba, pero no siempre. ¿A mí?... no sé, no importa ahora. Nos separamos. Lo que les pido es, por favor, que mi hijo siga en el colegio.
–Yo sabía que esto iba a pasar. Cuando vivíamos juntos lo tenía cortito, pero el problema fue mi esposa (mi exesposa), que lo malcrió desde chico. Sí, ahora está conmigo algunos fines de semana; no cuenta mucho. Vive pendiente del celular y me reprocha que yo lo hice así, “medio facho”. Puede ser que alguna vez le haya levantado la mano, pero como todos los padres, ¿vio? Fuma, yo sé que fuma, y también toma. No lo justifico, pero todos los chicos son iguales, no hay quien los frene; ya no hay ejemplos. ¿Le conté que a nosotros nos arruinaron la vida cuando nos estafaron? Cada vez que me acuerdo me dan ganas de matar a alguien. ¿Medicamentos? Sí, tomo para la gastritis, para la tensión y también para dormir. Bueno, dígame… ¿cuánto hay que pagar para reincorporarlo? ¿Tanto?
–A estos empleados hay que tenerlos cortitos, porque si no te complican la vida. No sé qué problema tuvo con el hijo (tampoco me interesa) pero eso no justifica las faltas, el trabajo mal hecho... En esta empresa importa la productividad, no los mediocres. Y los jefes -digo, los de arriba- siempre exigen un poco más. Hay que estar en mi lugar, con tanto personal a cargo y sin reconocimiento. Mano dura es lo que se necesita acá, como había en otras épocas. ¿Despedirlo? No, con la antigüedad que tiene… Le reducimos el sueldo y listo.
–Este episodio compromete a toda la institución. Acá importan los valores tradicionales. Si es necesario se lo expulsa; la familia sabrá lo que hace.
–Nuestro partido va a encarar la violencia entre adolescentes como prioridad de campaña. Incluso propondremos la libre portación de armas.

