“La vaca colabora, el chancho se compromete”
Se había anunciado que el papa Francisco iba a pasar por el simposio contra la trata a saludar a los jóvenes participantes.
Se había anunciado que el papa Francisco iba a pasar por el simposio contra la trata a saludar a los jóvenes participantes.
Eso mantuvo a todo el mundo expectante y presente en la sucesión ininterrumpida de testimonios. Antes de las 4 se notó algún movimiento de secretarios y funcionarios de protocolo. Nadie dijo “ahí viene el Papa”, pero entró un cameraman y todo el mundo se puso de pie; justo entonces apareció Jorge Bergoglio por una de las puertas del auditorio. Fue recibido con un aplauso larguísimo; saludó y se sentó en el panel que ocupaban los organizadores, preguntando a quién dejaba sin asiento. Luego esperó a que todos se callaran, y sin levantar la voz en absoluto, agradeció.
“Agradezco el trabajo que están haciendo. Es una lucha
a la que todos estamos llamados a realizar contra ese movimiento que lleva a la humanidad a que piense que una persona es un objeto que se usa y se descarta. Hay que rescatar la dignidad de las personas. A los ojos de Dios no hay descarte, sólo dignidad. El trabajo que ustedes hacen es rescatar al que es descartado para devolverle la dignidad. Gracias por comprometerse”. Hasta ahí, un silencio reverencial acompañaba lo que parecía un discurso solemne. Pero Bergoglio no es solemne, y siguió así: “Un humorista argentino, Luis Landriscina, me hizo ver la diferencia entre colaborar y comprometerse de la siguiente manera. La vaca colabora con nosotros para saciar el hambre, porque con la leche se hace el queso y nos podemos hacer un sándwich. Pero le queremos poner jamón. Vamos al chancho. El chancho da la vida para que nosotros podamos comer jamón. La vaca colabora, el chancho se compromete. Acuérdense del sándwich de jamón y queso”, finalizó.
Después de eso, los organizadores intentaron ordenar un poco el caos que se produjo para que todos pudieran sacarse la foto con el Papa. Todos se sacaron la foto. Para cada uno Francisco tuvo una palabra amable. Se lo vio cálido, sencillo y accesible. No es poco en ese Estado minúsculo, repleto de grandes egos e inconfesables ambiciones.

