La sagrada portera del barrio
La Virgen de la Puerta es venerada por los peruanos que viven en Córdoba. Julio Aznarán tiene una imagen y todos los años organiza una procesión cada vez más popular.
J ulio Manuel "Sonrisas" Aznarán es, desde que era un niño en Trujillo, devoto de la Santísima Virgen de la Puerta, una advocación que nació en el siglo XVII cuando la imagen de la Nuestra Señora de la Concepción fue ubicada "en la puerta de Trujillo", en el norte de Perú. Al parecer, la oración de los fieles a la Virgen impidió que los piratas holandeses invadieran la ciudad.Julio cree fervientemente en ella. Por eso, cuando emigró a Córdoba, hace 21 años, trajo una foto de la imagen, que enmarcó en un pequeño cuadro.Tiempo después, y a miles de kilómetros, Aznarán impulsó una "hermandad" o cofradía que organiza la procesión que se realiza por Alberdi, cada 15 de diciembre.Aznarán era percusionista en Perú y llegó a Córdoba invitado por un familiar. Aquí conoció a Jessyca, su esposa, también peruana y, en la Capital, nació su hija Soledad.Como muchos, Julio empezó viviendo en Alberdi hasta que se mudó a su propia casa. Pero es el barrio que lo recibió por primera vez, adonde tiene el taller "Sonrisas" de reparación de televisores. Del templo a la necrópolis En 1999, Julio y su mujer comenzaron a hacer misas a la Virgen de la Puerta en la iglesia María Auxiliadora. Y convirtieron el cuadro original, en uno más grande, de 1,20 metro. La gente, la mayoría de Trujillo, se sumó. Más tarde, las celebraciones se trasladaron a la parroquia San Jerónimo, en Silvestre Remonda y La Rioja, desde donde comenzaron las procesiones, detrás del cuadro. "En aquel tiempo, me reuní con un compadre y con otro amigo –Abelardo García y Richar Guanilo– y nació la idea de hacerle una imagen de yeso a la Virgen, como en Perú. La realizó 'Chapita', un arequipeño", cuenta. "La sorpresa fue que era de 1,10 metro. La gente se entusiasmó cuando la vio", recuerda Julio. Eso fue hace 13 años.En un comienzo, la imagen permaneció en la parroquia, pero luego se mudó a la iglesia del cementerio San Jerónimo, a pocas cuadras.La procesión hace ese recorrido: del templo a la necrópolis. Se movilizan unas 500 personas, dura unas dos horas y es acompañada por bandas de música y agrupaciones de "negritos y gitanos". "En Perú está la costumbre de bajarla del cerro. Acá la cambiamos de iglesia", dice Aznarán. La Virgen es llevada en andas por 24 personas, vestidas de celeste y blanco. También portan el estandarte las mujeres. La preparación de la procesión es una ceremonia en sí misma. Los días previos se cambian los accesorios y el manto bordado a mano y confeccionado en Perú, que son donados por fieles o agrupaciones. "Mi sueño es hacer un museo con todo lo que tenemos guardado de la Virgen. Sería bueno exhibir (corona, mantos, aros, peluquitas, rosarios) todo lo que le regalan", agrega Julio.En la capilla del cementerio, la Virgen está ubicada debajo del campanario y cerca de la puerta. "Desde allí, 'la sagrada portera' protege a sus hijos del barrio y de Córdoba", asegura el padre Horacio Saravia. El Cristo morado La religiosidad popular predomina entre los peruanos. "Una costumbre durante el año es la devoción a advocaciones de la Virgen o de santos que entronizan en grutas en sus casas", cuenta Saravia. Las bendiciones anuales en honor a Santa Rosa de Lima, San Martín de Porres o a la Virgen del Carmen son encuentros festivos. "La devoción al Señor de los Milagros, es decir al Cristo morado es mención aparte", opina Saravia. En Perú es celebración nacional y multitudinaria, comparable a la de la Virgen de Guadalupe, en México. Desde hace 14 años, la cofradía del Señor de los Milagros en Córdoba, impulsada por el ingeniero peruano Juan David Calle Machado, congrega a unos dos mil devotos. El último sábado de octubre se celebra la misa en la Parroquia San Jerónimo, la procesión y fiesta en honor del Cristo crucificado."La primera imagen que tenemos en Córdoba del Señor de los Milagros la trajo de Perú, en 1995, un señor que no cree en nada. La donó al Consulado, que luego se la entregó a un grupo pequeño de peruanos, que había en esa época. Ahí comenzó", subraya Calle Machado.La marcha se realiza al ritmo del himno al Señor de los Milagros cuya letra, todos conocen. Se avanza hacia atrás, mirando al Cristo morado, el único que camina hacia adelante. El Cristo es una pintura realizada por un esclavo negro de Angola en las paredes de adobe de una iglesia en Lima, en el siglo XVII. "Con velas encendidas, dan vuelta la manzana en una procesión que demora tres horas y se convierte en una ocasión no solo de unirse a su Cristo sino también a su lejano Perú", cuenta el cura.

