La novela de Maradona, Tinelli y nosotros
Medio país estuvo pendiente del choque Diego Maradona-Julio Grondona. Rosa Bertino.
Medio país estuvo pendiente del choque Diego Maradona-Julio Grondona. Aunque era un final cantado, se resistían a la desaparición del protagonista de la novela de sus vidas. A ningún libretista se le ocurriría eliminar a Facundo Arana en medio de una tira, y eso que no es ni la décima parte de Maradona en el imaginario colectivo.
Era inevitable que éste inspirara cierta prosa, influyente y resentida, que pretende verlo como alegoría de nuestra decadencia. Pero también hay un público raso, no tan atado a las extintas glorias del ayer.
Al anunciarse que Diego dejaba de ser el DT de la selección, un hombre pronunció una frase lapidaria: "Por fin, basta de Maradona ojalá el próximo sea (Marcelo) Tinelli". Ese espectador ignoto logró exorcizar dos ejes del malestar argentino. Aunque nadie les quite méritos y probablemente sean incomparables, ambos acaparan demasiada atención y representan una instancia que algún día superaremos.
El individuo y el cuerpo social tienden a confundir síntoma con enfermedad. El primero puede desaparecer; la segunda sigue su curso.
Toda sociedad tiene ídolos; el tema es cuánto poder ostentan. En nuestro caso, hay razones para suponer que es más fácil sacar a Maradona, que a Tinelli. Por dejadez o lo que sea, el grueso de la audiencia le da demasiada participación en su vida. Los canales porteños son repetidoras de ShowMatch . A toda hora repasan zonceras de la noche anterior. Las radios tampoco logran sustraerse al combo de peleas, palabrotas y dichos como los de Belén Francese, quien encierra a su novio en el camarín, "porque esto está lleno de \'gatas\' desesperadas".
Sin "escraches". Desde luego, no es culpa de Tinelli si algunas congéneres atrasan tanto... y mal. Pero nadie puede argüir que los contenidos televisivos sean inofensivos. Los abusos infantiles y la trata de mujeres, no disminuyen.
Cualquiera que prenda el aparato, o escuche el lamento docente cuando se les reclama educación sexual, verá que el manoseo y la impudicia están naturalizados, y desde temprana edad.
La famosa cita de Karl Marx, "la religión es el opio de los pueblos", data de 1844. Ay, Carlitos, si vieras cómo cambiaron las cosas. Hoy se aplicaría a los mundiales de fútbol y, sobre todo, a la TV. La audiencia otorgó, a Tinelli y los suyos, prerrogativas que ni siquiera habían soñado.
Hace poco resurgió un documento de 1978 en el que el entonces oficial de inteligencia chileno Enrique Arancibia Clavel aseguraba que Graciela Alfano era amante de Emilio Massera. La susodicha ni se mosqueó. A lo sumo, le molestó que alguien dedujera su edad. Ninguna comisión salió a denunciarla. Es mucho más fácil "escrachar" al cardenal Jorge Bergoglio o la Catedral que a Marcelo Tinelli y su variopinta corte de los milagros mediáticos.

