"La mamá nos agradece mucho que cuidemos a sus hijos"
Miriam Luján colabora en la apertura de un jardín maternal en el Instituto Santo Domingo en Villa de Soto. Es para que 20 madres jóvenes puedan seguir estudiando.
Miriam Luján (49) colabora como voluntaria en la apertura de un jardín maternal en el Instituto Santo Domingo de Villa de Soto, al noroeste de la provincia de Córdoba. Se trata del proyecto “Con mamá vamos a la escuela”, que brindará cuidado a los hijos de unas 20 jóvenes madres de bajos recursos que están intentando terminar sus estudios terciarios.
Ella nació en Villa de Soto y actualmente es docente de Ciencias Naturales de esta institución educativa, donde también se educó desde niña. Vive sola, sin hijos y también trabaja como secretaria en esta escuela.
El Profesorado de Educación Primaria del Instituto Santo Domingo es el único instituto de formación docente que ofrece carrera de Nivel Superior en Villa de Soto. La mayoría de los alumnos del profesorado es de escasos recursos, entre las que se encuentran jóvenes madres con bebés o niños pequeños. “Muchas inician la carrera con mucha responsabilidad y deseo de superación, pero luego abandonan porque no tienen con quién dejar sus bebés, ni los medios económicos para pagar una niñera”, relata Miriam, laica muy comprometida.
La voluntaria reconoce que siempre le angustió cuando las madres le contaban que no podían ir a clases porque se les habían enfermado sus hijos. “Por eso nos pareció muy importante la idea de tener una guardería. El proyecto se fue gestando muy naturalmente. Las chicas llevaban a sus bebés y, sin querer, los fuimos cuidando como podíamos, mientras ellas cursaban las materias”, relata Miriam con franqueza.
Ella también cuenta que la idea del jardín surgió de las mismas mamás que le contaban lo bueno que sería tener una guardería para que ellas puedan estar tranquilas sabiendo que sus hijos están bien cuidados. “Saben que sus hijos están contenidos y que el jardín les permite amamantarlos a horario y sin dejar de cursar las materias de la carrera”, explica Miriam con su voz suave y algo tímida.
“Una de las cosas que más me emociona y me sorprende es que las mamás nos agradecen todo el tiempo que cuidemos a sus hijos. Es fundamental que ellas puedan realizarse profesionalmente, que tengan la posibilidad de tener un puesto estable como docentes y que también puedan brindarle un futuro a sus hijos”, dice convencida Miriam.
Con este proyecto las docentes intentan romper el círculo vicioso de la pobreza a la que están sometidas muchas mujeres. “Y también esta idea de que si son madres deben abandonar los estudios para dedicarse a la crianza de sus hijos. En este voluntariado uno crea lazos familiares con las alumnas que asisten y con sus chicos”, dice emocionada Miriam. Además cuando uno se pone al servicio de los demás se siente pleno”, agrega. No obstante reconoce que por ahí se le hace difícil poner un orden cuando cuida a los chicos. “Cuidarlos lleva su tiempo y aunque ahora son pocos, estamos todos los profesores y preceptores pendientes que no se vayan a caer y que no les pase nada. Cuando se abra la guardería el desafío va a ser organizarnos entre todos para cuidarlos sin dejar de lado nuestras actividades”, finaliza.

