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La lecciones que nos suele dar la vida

Hecha una furia, la profesora de gimnasia enfrentó a la clase de ritmos con un "!aquí, el único que hace bien las cosas es el ciego, porque es el único que escucha!". Rosa Bertino.

10 de agosto de 2010 a las 12:01 a. m.
Rosa Bertino (Periodista)
La lecciones que nos suele dar la vida

Hecha una furia, la profesora de gimnasia enfrentó a la clase de ritmos con un "!aquí, el único que hace bien las cosas es el ciego, porque es el único que escucha!". El 95 por ciento de la concurrencia a ese gimnasio, son mujeres de mediana edad. Entre los contados varones hay un no vidente, que ni se mosqueó por la comparación.

Habla poco, el Darío. Si tomó esa clase es para estimular la sicomotricidad, y porque le queda al lado de la casa, no porque tenga la secreta aspiración de ir a bailar con La Barra. Con la cabeza gacha, las damas digirieron el reproche. Mientras ellas miran para cualquier lado y charlan con la que tienen más cerca, Darío es el único que está atento a las indicaciones. Dos pasos a la derecha, dos a la izquierda, flexión y media vuelta, codo a la rodilla, exhalo cuando doblo… Como no puede ver, aguza el oído y se concentra en lo que hace. Y le sale bien. El resto, hace cualquiera.

La lección del ciego haciendo gimnasia se aplica a buena parte de nuestra vida cotidiana: hace rato que nadie escucha, y que actuamos más por imitación o reflejo que conscientes de nuestros actos. También puede obedecer a que en la última década se habló demasiado, razón por la cual la gente termina por aislarse.

Hasta no hace mucho, en Córdoba se sucedían los grandes disertantes. Ahora no vienen, o lo hacen en espacios reducidos, luego de que el público comenzara a ralear. Opta por otras actividades, o se cansó de que le bajen línea y que sea impracticable.

En el plano educativo, los avances en el ámbito de la discapacidad son notables, en contraste con las quejas sobre la escuela común. O el mundo de los "normales". Ayer arrancó el Festival Desafiarte. En su octava edición ya no tiene dónde meter invitados, y realizaciones.

El progreso no es sólo numérico, lo cual habla muy bien de una sociedad que no se avergüenza de los disminuidos. Quien vaya por la Legislatura encontrará decenas de hermosos cuadros; esculturas e instalaciones en los materiales más insólitos; cacharros; artesanías; señales de amor a la familia y al maestro.

Otra cosa que llama la atención, es la calidad y el entusiasmo de los docentes especiales. Aunque suene injusto (y probablemente lo sea), aparentan tener más fe y entusiasmo que los de establecimientos regulares, en particular los urbano marginales. Hay que admitir que la conducta no es un tema menor. En general, los discapacitados se "portan" bastante mejor que un niño o adolescente estándar con la aceleración y la excitación actual.

Como sea, muy bien por ellos. En países como el nuestro, donde todavía se protege a feto y al recién nacido con patologías congénitas, la discapacidad equivale a un 10 por ciento de la población. Hoy ya no están ocultos en un altillo, sino en la calle y escuelas. Podríamos aprender lo que tienen para enseñarnos.