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La lección que queda

La mala praxis consiste en quemar pastos secos, especulando con las primeras lluvias, para que brote pasto nuevo.

12 de septiembre de 2013 a las 02:00 p. m.
Daniel Di Giusto*
La lección que queda

La lección que nos deja esta tragedia es que hay que redoblar los esfuerzos para evitar que la irresponsabilidad de los hombres vuelva a convertir en páramos nuestros hermosos paisajes serranos.

Los incendios no se producen espontáneamente. La mala praxis consiste en quemar pastos secos especulando con la llegada de las primeras lluvias para que brote pasto nuevo.

Esta práctica es muy usada en la pampa húmeda, donde los registros pluviométricos no tienen comparación con nuestra región semiárida. Entonces, estos procedimientos son prácticamente suicidas.

Los bomberos, acostumbrados a apagar estos incendios forestales, sostienen que cuando un frente de fuego alcanza los 500 metros, se necesitan vientos de no más de 40 kilómetros para que se tornen incontrolables.

Si a esto le agregamos las condiciones climáticas extraordinarias que favorecen estos fenómenos, nunca serán suficientes los recursos humanos y económicos para enfrentarlos.

El impuesto destinado al Plan Provincial de Manejo del Fuego lo pagan aquellos que viven en zonas urbanas, como la ciudad de Córdoba, donde no se producen incendios. Entonces, las autoridades deberían aplicar todo el peso de la ley para quienes desatan estas catástrofes ecológicas.

*Exdecano de Ciencias Agropecuarias UNC.