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La extinción de los misterios

Córdoba se ha quedado sin misterios. Lo digo en serio. Más allá de incógnitas cotidianas, como saber el lugar exacto al que te puede llevar el nuevo ómnibus raro que tomaste, la ciudad ha perdido la magia de lo realmente inexplicable.

15 de marzo de 2014 a las 01:12 p. m.
La extinción de los misterios

Córdoba se ha quedado sin misterios. Lo digo en serio. Más allá de incógnitas cotidianas, como saber el lugar exacto al que te puede llevar el nuevo ómnibus raro que tomaste, o de qué color es y con qué está hecho el papel higiénico de los Precios Cuidados, la ciudad ha perdido la magia de lo realmente inexplicable, el sabor de compartir los imaginarios colectivos. Nos hemos quedado sin fantasmas, espectros o aparecidos; sin vírgenes que lloren sangre, sudor o lágrimas; sin hechizos, maldiciones o gualichos; sin extraterrestres, platos voladores o encuentros cercanos de cualquier tipo.Otros fueron los gloriosos tiempos en los que la Llorona asustaba a chicos y grandes en barrio Güemes. Años hace que fueron despedidas las telefonistas que tenía el Lobizón para atender los innumerables requerimientos de periodistas, fanáticas, simples cholulos que querían conocerlo, oportunistas o cobradores de impuestos. ¿Cuánto hace que no vemos un ovni sobrevolando la torre Ángela? ¿En qué momento dejaron de verse criaturas horrendas en barrio San Vicente? ¿Alguien se acuerda cuánto tiempo pasó desde la última aparición de la Virgen en las vías de barrio Argüello?Los misterios cordobeses que otrora fueron marca registrada de la ciudad se han extinguido y no hemos sabido sustituirlos por otros. Hay quienes pretenden dar por reemplazado al fantasma de la Pelada de La Cañada por el fantasma del descenso, pero hasta los chicos saben que no pertenecen a la misma categoría de intangibles.Hace mucho que perdimos a los tranvías, y con ellos a sus conductores, los que juraban por sus vidas haber visto al fantasma de La Mujer del Angelito. Tal vez ellos fueron los que se comieron en una sopa a la Gallina Gigante que se aparecía en El Abrojal de madrugada.Las manchas de humedad que aparecen ahora en las paredes de las iglesias cordobesas, lejos de asemejarse a santos, como antes, tienden más bien a formas que inspirarían nuevos Transformers.Encima, del Diablo... ni noticias. La última incursión que tuvo en la ciudad fue cuando arrebató un título nacional en La Boutique de barrio Jardín.Las brujas, en tanto, optaron por casarse, todas, sin excepción. No quedó ni una soltera. Y, como es sabido, cada una de ellas sólo atiende a un cliente: su marido. Los magos ya no hacen magia; apenas trucos. Los que hacían aparecer cosas han dejado su arte a los que hacen desaparecer y, de vez en cuando, también desaparecen.Vacía de fantasías, Córdoba ya no es la misma; sólo me sostiene la esperanza de que en alguna casona antigua, en algún sótano abandonado, se hayan escondido nuestros fantasmas y vuelvan a ser aparecidos (es decir, que aparezcan), que para eso les pagan.