La escuela, ¿es aburrida?
Resulta facilista para la mentalidad adulta atribuir los fracasos a la apatía y al desinterés de los chicos.
Que no se enojen algunas maestras, profes, inspectoras, el subsecretario y/o el ministro. Pero ¿acaso no creen que la educación formal que hoy reciben los chicos es como medio aburrida?Sírvanse revisar muchos libros de texto y observarán que la forma de abordar distintas áreas de conocimiento no ha cambiado respecto de otras épocas, más que en la calidad de impresión de la obra.Habría que hurgar bien los resultados que obtuvieron los jesuitas de Cataluña (España) con su experimento de eliminar materias, exámenes y horarios y convertir a las aulas en espacios de trabajo donde los alumnos adquieren los conocimientos haciendo proyectos conjuntos."Con el actual modelo de enseñanza tradicional, los alumnos se están aburriendo y desconectando del sistema, sobre todo a partir de sexto de primaria", justificó el director general de la Fundación Jesuitas Educación (FJE) de Cataluña, Xavier Aragay.Más cerca, la psicóloga y legisladora provincial Liliana Montero apela a su experiencia de madre:"En el primario, me parece que no tanto; en el secundario, no hay forma de que los entusiasmen", responde desde su cuenta de Twitter a un pedido de opinión para esta columna.En este contexto, hay varias cuestiones que emergen con total claridad:1. La cabeza de los pibes va a mil por hora. Claro que no lo hace en el sentido que los adultos esperan ni responden a sus expectativas.2. Los chicos viven inmersos en una vida virtual y, la verdad, se la hacen difícil para que los mayores puedan entrar. Si es que hacen el esfuerzo, siempre les van sacando muchos trancos de ventaja.3. Niños y adolescentes se niegan cada vez más a ser espectadores de un proceso educativo que es unidireccional: es decir, del profe a ellos.4. El entorno audiovisual en el que navegan los mete adentro de YouTube, pero los deja bien afuera de los libros.Antes de seguir, marchen dos aclaraciones:Primero, no podría considerarse de la misma manera a todos los niños. Habrá quien observe a su hija, su sobrino o ahijado y no detecte ninguna de las cuatro características. O algunas de ellas; pero siempre habrá algo.Segundo, hay maestros/profesores que hacen un enorme esfuerzo por dotar de atracción a las materias duras. La empatía da sus resultados.Resulta facilista para la mentalidad adulta atribuir los fracasos a la apatía, el desinterés y la desmotivación de esos pibes, cuyos padres cometieron el peor de los pecados: comprarles una máquina maldita como es el smartphone .Ya en 2010, el censo realizado en nuestro país arrojó que casi el 60 por ciento de la población de entre 10 y 19 años tiene un aparato móvil.La cifra de teléfonos inteligentes ha crecido de manera exponencial en los años que siguieron. Como no se entiende la lógica de los chicos, se tiende a dejarlos solos mientras navegan por tierras virtuales indómitas para los adultos, pero conocidas para ellos. Luego, claro, aparece la sorpresa porque esa ruta no es tan transparente y, por ende, encierra muchos peligros. A veces se termina lamentándolo tardíamente, pero con poca o ninguna autocrítica de la inacción adulta, para emprender junto con ellos una aventura del conocimiento que les resulte apasionante. Hay una brillante descripción de Carlos Scolari (@cscolari en Twitter), en su blog Hipermediaciones:"Mientras no se abandonen los prejuicios (escuela buena/medios malos/web peor) y se encuadren estos cambios dentro de una perspectiva ecológica (relación medios/tecnologías, percepción y cognición) y evolutiva (la historia de las interfaces de lecto-escritura no comienza ni acaba con el libro impreso), seguiremos escuchando discursos de retroguardia, cargados de nostalgia por un pasado glorioso que nunca volverá. O sea, seguiremos escuchando discursos aburridos".O si lo prefieren, como lo planteó María Acaso, la autora de rEDUvolution (Paidós): "No existe trastorno de déficit de atención e hiperactividad (TDAH); sólo niños aburridos en clase".

