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La amarga sensación de estar yendo mal

La mala señalización vial en las rutas argentinas genera esa incertidumbre de no saber si realmente estamos viajando en la dirección correcta. El GPS ayuda, pero a veces no es suficiente.

01 de febrero de 2016 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
La amarga sensación de estar yendo mal
(Ilustración Gustavo Dagnino)

¿Cuando se ha trasladado por una ruta argentina alguna vez sintió la sensación de no estar seguro de ir en la dirección correcta? Yo, sí. Reconozco que soy un conductor de la época anterior al GPS y que su aparición vino a salvar mi increíble incapacidad para orientarme y mi escasa ductilidad para interpretar las redes viales argentinas (léase nudos, circunvalaciones, colectoras, etcétera).No obstante, más allá de la ayuda del dispositivo satelital, la mala señalización vial en los caminos de este país genera esa incertidumbre de no saber si realmente "vamos bien". Hasta que no aparece algún cartel, luego de varias decenas de kilómetros, no suspiramos aliviados.Incluso, si hiciéramos el ejercicio de ponernos en la piel de un turista que tiene que atravesar la ciudad de Córdoba para ir a Cosquín o Villa Carlos Paz, descubriríamos lo difícil que es encontrar el camino. Bienvenidos a Vaca Parece un chiste, pero no lo es. Todavía las rutas argentinas mantienen carteles que anuncian el riesgo de encontrarse con vacas en la carpeta asfáltica. Si uno fuera extranjero y se encontrase con esa señal, podría pensar que le están dando la bienvenida a una ciudad llamada "Vaca", o que está próximo a encontrarse con un tambo. La paradoja es que en lugar de controlar que estos y otros animales se escapen de los campos e invadan las rutas, los funcionarios prefieren invertir en un símbolo de advertencia. Y si consideran que esa es una política de Estado en materia vial, entonces deberían poner carteles con figuras de cabras y caballos también.Es el mismo caso del cartel de un auto derrapando que nos advierte que en los próximos kilómetros nos encontraremos con una carretera ondulante. A las administraciones provinciales que colocan esas señales se les podría preguntar si no pensaron que es hora de invertir en obras de infraestructura y evitar que los conductores tengan que adquirir destrezas típicas del Dakar.También están aquellos carteles del tipo "arqueológico", que quedaron de alguna obra de repavimentación, pero que nunca fueron retirados del costado de una ruta."Precaución, obreros trabajando". En realidad, tales obreros nunca aparecerán, aunque, viendo el lado positivo, esos carteles funcionan como reductores de velocidad: por las dudas, frenamos. ¿Cómo se llama? Una de las particularidades que tiene la ciudad de Córdoba es que una misma calle puede cambiar hasta tres veces su nombre. Una joven colombiana radicada desde hace varios años en esta capital cuenta que le costó horrores aprender a transitarla. Y pone como ejemplo a la avenida Colón que sufre una doble metamorfosis: en Emilio Olmos y en 24 de Septiembre.Además, esta avenida principal de la ciudad de Córdoba tiene un recorrido zigzagueante que hace que a la altura del 4800 calles como 9 de Julio y Deán Funes aparezcan al norte, cuando en el Centro se ubican al sur.Esto ya no es problema de la señalética vial, sino más bien de la topografía del terreno que ocupa la capital cordobesa. Aunque esto no implica que no sea un dolor de cabeza para quienes a diario la transitamos.