La aldea que se imaginó arrasada
Villa Alpina,en lo alto de Calamuchita, fue evacuada por completo. Sus habitantes creyeron que el fuego se había llevado todo. El daño fue enorme, pero el pueblo está de pie. En esa región se habrían quemado 25 mil hectáreas, y 50 mil en toda la provincia.
¿Puede un lugar de ensueño, de los más encantados de Córdoba, mutar por un día a postal del infierno? Villa Alpina, a 1.400 metros de altura serrana, da fe de eso. Cuando a su veintena de habitantes estables, los policías y bomberos les exigieron evacuarse, la mayoría dejó ese caserío disperso imaginando que ya no volverían a verlo. Pasaron la noche intuyendo que el fuego se lo había llevado puesto. No era para menos: en un momento las llamas avanzaban desde todos los cerros. Cristina González, empleada de un complejo al que llegan los que ascienden al Champaquí, no se olvidará: “Veía que el fuego estaba en un lugar de la montaña, y a los dos minutos, al volver a mirar, ya estaba mucho más allá”.
Nada de metáfora tiene la descripción de que el fuego volaba. El cerro Mesilla, tapizado por una enorme forestación de pinos, ardió casi entero. Esa postal ahora luce chamuscada. El pinar realzaba ese paisaje. Pero los lugareños cuentan que, desde que se plantó hace más de 30 años, jamás fue mantenido, ni raleado. “Acá se decía: cuando eso se prenda, no se apaga más”, relata González. Dicho y hecho. No fue el único: ardieron forestaciones por todos lados.
En ese región se quemaron 25 mil hectáreas, y 50 mil en toda la provincia.
Como un avión
Alejandro Pino, serrano de toda la vida, trabaja para una estancia y cría ganado por su cuenta. No sabe bien cuántas vacas y ovejas se le murieron, porque aún no pudo recuperar las que huyeron. No quiso irse cuando la orden era evacuar. “El domingo fue terrible. El fuego bajó de los cerros. Tuvimos que dejar la casa porque el humo hacía todo irrespirable. Dormimos con mi mujer a varios kilómetros, en la chata”, acota.
Al día siguiente regresaron. Ya no había bomberos, que habían corrido a otros focos. Pero el fuego sí estaba. Y peor que el día anterior. “Con mi señora y mi hermano, con lo que teníamos, evitamos que se quemara nuestra casita y las de los vecinos”, describe. Los pastos y árboles incinerados no lo dejan mentir: están a medio metro de su casa. Alejandro teme que ahora, sin pasturas, sus animales mueran de hambre. Y ruega que eso que escuchó de que la Provincia mandaría forraje sea cierto. “Usted, si puede, pida por favor que cumplan”, reclama con humildad serrana.
“Se veía venir. No puede ser que haya campos que no son limpiados de troncos. Los dueños no lo hacen y nadie los controla. Mire la millonada que gastaron para apagar todo; con mucho menos se podría haber controlado mejor”, resume.
En toda la zona alta de Calamuchita quedaron un millón de pinos caídos en forestaciones privadas, por los vendavales de fines de 2012. Se estima que la mitad no fue retirado. Lo que el viento tiró y no se levantó, fue nafta que alimentó las llamas.
Volver y seguir
Nelio Escalante es hijo de una familia con historia en Alpina. Tiene un albergue y cabañas que se salvaron del fuego, por metros. Un depósito se le quemó. “Hay que volver a empezar”, porfía. “Si no evacuaban el pueblo acá había muertos”, apunta. Nelio aclara que no se quemó el Champaquí, sino la forestación por el que empieza el ascenso. Como otros, cuestiona que si se hubiera puesto más atención en el estado de las forestaciones, el saldo hubiera sido otro.
La región tendrá muchos menos pinares. Un millón cayeron con las tormentas de 2012 y varios millones se hicieron humo ahora. El muy pintoresco camino de 16 kilómetros que separa a Villa Alpina del asfalto es una pesadilla: lo que fue verde quedó negro, con pinos quemados hasta donde alcanza la vista.
En Villa Alpina se quemaron varias casas de fin de semana.
Cristina, Alejandro y Nelio no maldicen, a pesar del dolor. Más bien agradecen. Porque respiraron aliviados cuando, al regresar, con las llamas apagadas y el humo despejado, vieron que la mayoría de las viviendas estaba de pie, que la villa existía, que el fuego no se la llevó.
Cuando el agua caiga del cielo, con cada nuevo brote, empezarán a tomarse revancha.
Puntos de vista
Alejandro Pino. "El fuego venía de todos lados. Se sentía como si un gran avión pasara al lado. Era la mezcla del soplido del viento y de los árboles que ardían. Impresionaba".
Cristina González. "Se suspendieron un montón de excursiones al Champaquí. Si eso no vuelve, no sé qué haremos. Donde trabajo dependemos de ese movimiento".
Foco en Traslasierra
Riesgo. Anoche continuaban los trabajos en Las Calles, donde 20 personas se autoevacuaron. Aunque ya estaba casi sofocado. Rige la alerta ante posibles nuevos incendios.

