"Justicia y TV comparten prejuicios sobre la villa"
Natalia Bermúdez, antropóloga, estudia hace cinco años las muertes violentas de jóvenes en estos sectores y cómo sus familias deben salvar la reputación del fallecido.
¿Cuántas veces habrá llorado Natalia Bermúdez mientras realizaba su trabajo de campo? Natalia realizó más de 100 entrevistas en villa El Nailon y Villa El Libertador para indagar sobre las muertes violentas de jóvenes en estos sectores de la ciudad. Natalia es comunicadora social, doctora en Antropología, 33 años, en pareja, embarazada de cinco meses, docente de la carrera de grado de Antropología y becaria posdoctoral del Conicet.Comenzó a estudiar la situación de los cartoneros tras la crisis de 2001 y el aumento del precio del papel. "Pero empecé a ver que había otro problema más importante del que hablaban los pobladores que era la situación de los jóvenes y particularmente, los enfrentamiento entre jóvenes y la policía", recuerda. Trasladó su trabajo a villa el Nailon y Villa El Libertador para estudiar las muertes violentas de jóvenes por enfrentamientos entre ellos o con la policía.Descubrió que esas muertes no eran condenables desde el primer momento, sino que los familiares debían hacer un gran trabajo social por defender a sus muertos, para transformarlas en muertes inmerecidas y condenables. –¿En otros sectores sociales no se da este proceso? –Por ser de otros barrios, a priori, no se piensa que la muerte es por un ajuste de cuentas. Siempre son señaladas como muertes por inseguridad. No se pone en juego la reputación del muerto y de su entorno. –¿Qué hacen para demostrar la bondad del fallecido? –Primero, las instancias judiciales. Es muy difícil para estos sectores conseguir la atención de la Justicia. También deben librar una batalla moral en las redes vecinales para conocer qué es lo que realmente ocurrió con su hijo muerto. Contrario a lo que ocurre en otros barrios, la familia es la primera que investiga el hecho, incluso alentado por la propia Justicia. –¿Cuál es el papel de la madre en este trabajo? –Las madres son las que están más legitimadas para reclamar por su hijo en un espacio público. Hay toda una trayectoria que viene de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo. Y es el lazo de sangre más legitimado. Pero es más complicado, porque si bien están legitimadas para reclamar por el dolor que implica perder a un hijo, también son ellas las que tienen el rol de cuidar y educar bien a sus hijos. La sociedad sospecha de cómo criaron a sus hijos. La Justicia supera la ficción–¿Cómo retrata la ficción televisiva a la villa? –En general son abordadas con una visión desde la clase media. No reflejan las concepciones del mundo de la gente que vive en la villa. No muestran la complejidad de factores culturales, políticos y económicos que entran en juego. –¿Cómo es esa visión de la clase media? –Es una visión muy prejuiciosa y estereotipada. Por ejemplo, en la villa hay una concepción más ampliada de la familia. No siempre el padre es la figura fuerte de la familia, pero siempre hay un tío o un primo que funciona en el rol paterno. Estos prejuicios sobre la villa que hay en la TV son compartidos con la Justicia y determinan la judicialización de los jóvenes. –¿Tuvo dificultad de ingresar a la villa? –Me siento más segura en esos barrios que en otros. Nunca me pasó nada. Tuve dificultades para acceder a casos que estaban vinculados con el narcotráfico. Pero las mayores dificultades pasan por los recaudos metodológicos como antropóloga. –¿Cuáles son? –El respeto del otro, no imponer la perspectivas propias y preconceptos.

