
Condenaron a prisión perpetua al "Gurú" Soria por abusar a más de 20 víctimas: una de ellas se suicidó
Por
Redacción La Voz
Fernando José Soria construyó durante años una identidad basada en la promesa de sanación y evolución espiritual. Se presentaba en Córdoba como guía, maestro y elegido.
Decía tener dones especiales y una conexión directa con lo divino. Prometía curación, iluminación y una vida mejor. Así llegó a abusar a más de 27 víctimas, según la investigación judicial.
Se trata de un caso de un violador serial en el marco de una secta.
Según concluyó la Justicia, detrás de ese discurso funcionaba una estructura de manipulación psicológica, violencia de género, abuso sexual y estafas reiteradas contra mujeres que confiaron en él en momentos de profunda vulnerabilidad.
El Tribunal de la Cámara 8ª del crimen de la ciudad de Córdoba lo condenó por múltiples hechos de abuso sexual, estafas reiteradas, privación ilegítima de la libertad y otros delitos cometidos en el marco de una organización que operaba bajo apariencia espiritual.
La condena fue de prisión perpetua. La pena máxima fue por el suicidio de una de las víctimas, luego de que quedaran probadas las graves lesiones en la salud mental de la mujer tras los reiterados abusos de Soria, que la llevaron a la muerte. Por este hecho se los condenó con base en el artículo 134 del Código Penal: abuso sexual seguido de muerte.
La sentencia describe el funcionamiento de la organización que Soria creó bajo distintos nombres como “Escuela de la Divina Sabiduría”, “Escuela de la Divina Naturaleza” o “Fundación Energías del Tercer Tiempo” y en la que se autoproclamaba “maestro de los maestros” o incluso “el nuevo mesías”.
Según el fallo, el acusado ejercía un dominio total sobre sus seguidoras mediante un sistema de control coercitivo que combinaba promesas espirituales, amenazas y exigencias económicas.
Las víctimas llegaban buscando respuestas a crisis personales, problemas de salud o situaciones emocionales complejas. Allí encontraban un discurso que las colocaba en un lugar de inferioridad frente al líder, quien se presentaba como el único capaz de guiarlas hacia una vida mejor.
El tribunal sostuvo que Soria desplegó “maniobras o artimañas con un discurso delirante”, que modificaba según su conveniencia, generando una relación profundamente asimétrica con sus seguidoras y consolidando un esquema de sometimiento.

La investigación determinó que Soria captaba principalmente a personas en situación de fragilidad emocional, a quienes prometía sanar enfermedades o resolver conflictos personales mediante supuestas prácticas espirituales.
El líder sostenía que sus seguidoras podían alcanzar “dones especiales” y evolucionar espiritualmente si cumplían con sus indicaciones. Entre ellos, cambios en la alimentación, distanciamiento de vínculos cercanos y participación en cursos pagos.
Según la sentencia, el acusado aseguraba que podía curar enfermedades graves e incluso indicaba a sus seguidores que no consultaran con profesionales de la salud porque la sanación llegaría por medios espirituales.
El dinero también formaba parte del esquema. Los talleres y niveles de “maestría” tenían costos que debían pagarse según el valor que era revelado por “los ángeles”.
Quienes no podían pagar debían realizar tareas para la organización, desde limpieza hasta trabajos de mantenimiento.
Uno de los puntos más contundentes del fallo describe cómo Soria utilizaba el lenguaje espiritual para justificar los abusos sexuales.
El acusado sostenía que las mujeres debían “despojarse del cuerpo”, al que definía como un “envase que no servía para nada”, y que la unión con él permitiría alcanzar una supuesta evolución espiritual.
Las prácticas sexuales eran presentadas como parte de un proceso de purificación o iluminación.

En ese contexto, el tribunal acreditó múltiples hechos de abuso sexual en los que el acusado aprovechaba su posición de poder y la vulnerabilidad de las víctimas.
A una de ellas le dijo que debía “fusionarse con el Espíritu Santo” como requisito para avanzar en la supuesta formación espiritual.
Otra mujer relató que el acusado la obligó a realizar prácticas sexuales bajo el argumento de que así obtendría dones especiales o sanación.
En varios testimonios se repite la idea de que el líder utilizaba la espiritualidad como argumento para legitimar el sometimiento físico y emocional.
El tribunal también valoró el clima de temor que rodeaba a la organización.
Según la sentencia, Soria advertía que quienes abandonaran el grupo sufrirían enfermedades, desgracias o pérdidas personales.
Una de las víctimas declaró que el acusado le dijo que, si dejaba la escuela, “volvería a ser la misma mierda que era antes” y nadie volvería a ayudarla emocionalmente.
Otra mujer contó que el líder la amenazaba con que volvería su enfermedad si dejaba de asistir a los encuentros.
El fallo describe que estas advertencias formaban parte de una estrategia para generar dependencia y evitar que las víctimas se alejaran del grupo.
El miedo, la culpa y la idea de perder la salvación espiritual funcionaban como barreras difíciles de romper.
Algunas mujeres relataron que comenzaron a advertir contradicciones en el discurso del líder.
La sentencia menciona, por ejemplo, que en los primeros tiempos el acusado consideraba el aborto como algo negativo, pero luego cambió su postura cuando una de sus seguidoras quedó embarazada tras un abuso. En ese caso, sostuvo que el embarazo era producto de un “engendro” y debía interrumpirse.
Ese tipo de contradicciones fue generando dudas en algunas integrantes del grupo.
Otras comenzaron a tomar conciencia a partir del daño psicológico que sufrían, las exigencias cada vez más extremas y el aislamiento progresivo de sus vínculos personales.
Las pericias psicológicas incorporadas en la causa concluyeron que los abusos provocaron graves afectaciones en la salud mental de las víctimas.
El tribunal consideró que existía una reiteración de conductas que evidenciaban un patrón de manipulación y violencia de género.
Entre las pruebas valoradas se destacan: los testimonios coincidentes de las víctimas; las pericias psicológicas que acreditaron daño emocional; la estructura organizada de la supuesta escuela espiritual; la utilización del discurso religioso para justificar abusos y los pagos exigidos por cursos sin respaldo institucional.
La sentencia señala que Soria construyó una relación de poder basada en la cosificación de las mujeres, a quienes trataba como objetos y sometía a humillaciones constantes.
El tribunal concluyó que las maniobras desplegadas por el acusado no respondían a prácticas espirituales genuinas, sino a un esquema destinado a obtener beneficios económicos y sexuales mediante engaño y sometimiento.