Insistir como sea, hasta que explote
Cuando Daniel Giacomino asumió la intendencia de Córdoba, tras haber ganado las elecciones de 2007, su imagen gozaba de un alto grado de aprobación. Edgardo Litvinoff.
Cuando Daniel Giacomino asumió la intendencia de Córdoba, tras haber ganado las elecciones de 2007, su imagen gozaba de un alto grado de aprobación. Ya fuera por reputación propia o bien por la esperanza que tenía la gente de mejorar la ciudad tras dos gestiones polémicas, lo cierto es que le dieron al recién llegado todo el hándicap necesario. Sin embargo, a medida que el tiempo pasó, el humor de los vecinos comenzó a cambiar al ritmo de los semáforos apagados, de las calles llenas de baches, de la falta de alumbrado, las cloacas desbordando los barrios y los conflictos gremiales imposibles de solucionar: un mix difícil de digerir, más allá de las excusas. Pero además de los problemas de gestión, el intendente sumó un aditivo más cercano al capricho que al sentido común: insistió en algunas de sus decisiones a pesar de que las críticas llovieran de todos los frentes. Y no aceptó dar marcha atrás hasta que todo estallara o estuviera a punto de hacerlo.El caso más escandaloso fue el de Innviron, la firma estadounidense que estuvo a punto de adjudicarse la licitación para la gasificación de la basura. En el viaje que Giacomino y su entonces secretario de Ambiente –Fernando Cámara– hicieron a ese país, se comprobó que no existían tales plantas, que no habían desarrollado tal tecnología y que la firma era un cúmulo de consultoras sin experiencia en el rubro. Sin embargo, a pesar de que este diario lo informó en esos días, apenas llegado al aeropuerto Giacomino reforzó la apuesta: todo estaba bien, y la licitación seguía. Al otro día dio marcha atrás, ante la evidencia del escándalo.La diferencia es que ahora, con la muerte del cospel, la decisión a las apuradas afecta directamente y a corto plazo a cientos de miles de ciudadanos que tienen que hacer cola para cargar su tarjeta o que no consiguen recarga en los barrios.Ojalá que en los próximos días se produzca el milagro y se abran suficientes bocas para solucionar esos problemas. De no ser así, el malhumor de la gente crecerá, y Giacomino tendrá una despedida acorde a la percepción que los usuarios del transporte urbano –entre otros– tienen de su gestión.

