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La inseguridad crece más que la inflación

Asombra que todavía no podamos hacer nada respecto de la noche, que está cobrando más víctimas que un conflicto armado. Rosa Bertino.

09 de febrero de 2013 a las 12:01 a. m.
La inseguridad crece más que la inflación

"Yo tuve mi primer pijama party a los 9 (años), pero parece que ahora empiezan a los 6", le advirtió mi nieto más grande al primito que está por comenzar la primaria. Casi se me caen los dientes. Por si alguien lo ignora, los pijama parties se hacen en casa de un compañerito/a, bajo la discreta fiscalización de algún progenitor. Consisten en resistir el sueño todo lo posible. Por una cuestión etaria, el padre del que hablaba no conoció tales hazañas infantiles. Pero a la madre del que escuchaba, nacida una década después, no había forma de impedirle que las promoviera. A todo esto, ¿por qué uno le daba permiso? Pues por la razón que nos comprende y debilita a la mayoría de los adultos actuales: "Si a las otras chicas las dejan, ¿con qué argumento me voy a oponer?… No vaya a ser que la nena se sienta disminuida y la hagan a un lado". Rutina nocturna. Nuestros padres no razonaban así. Por el contrario, tenían el "no" bien fácil. Aunque no sirve remitirse constantemente al pasado, no deja de ser penoso ver que los jóvenes hoy tienen más posibilidad de morir por una causa fortuita que por enfermedad o por un ideal, sea justo o equivocado. Y comprobar que casi todos los "accidentes" eran o son evitables. En la ilustrativa entrevista aparecida ayer en este diario, dos jóvenes describen la rutina bolichera. Se juntan a medianoche; la "previa" se extiende de 1 a 3 o 4 de la madrugada; tipo 5 entran al local, donde permanecen hasta las 8, 9 o 10 de la mañana. La rematan en alguna parte y se van a dormir cerca del mediodía. Asombra que todavía no hayamos podido hacer nada respecto de un circuito que, sumado al alcohol y cierta actitud de bolicheros y expendedores, está cobrando más saludes que un conflicto armado. Permisividad sureña. ¿Qué reflejos pueden tener esos chicos, al cabo de 12 o 14 horas de insomnio? Somos animales diurnos, regidos por el ritmo circadiano, y a la noche se nos caen los párpados. No en vano esta cuestión es muy latina, y muy objetada. El pariente noruego de una amiga se resiste a veranear en Punta del Este porque tiene hijos y le aterran los hábitos del adolescente sureño. La sueca Alexandra Larsson (26) no quiere volver a su país porque "aquí ser mucho más divertido… allá no haber tanta fiesta y bares cerrar temprano". No es casual que, al menos en la Argentina, la inseguridad crezca y preocupe más que la inflación. Y basta con leer los diarios para darse cuenta de que por lo menos la mitad de los hechos no están relacionados con la delincuencia.