Según el presidente Javier Milei, el Gobierno nacional viene conteniendo la inflación con base en tres anclas económicas: la fiscal, al buscar el equilibrio en las cuentas públicas; la monetaria, enfocada en controlar drásticamente la cantidad de pesos en circulación, y la cambiaria, el administrar la cotización del dólar con un esquema de devaluación progresiva.
Aunque no puede todavía perforar el piso del 2% mensual –un dato aún elevado para cualquier país del mundo–, lo cierto es que logró bajarla desde los altos niveles en que la dejó la administración de Alberto Fernández.
Pero también es verdad que las tres famosas anclas de la gestión libertaria están “anclando” el consumo masivo, y de manera dramática. De hecho, casi no hay actividad vinculada al mercado interno que no muestre caídas importantes, incluso drásticas en algunos casos.
La estadística oficial muestra que en el primer cuatrimestre de este año se vendieron menos autos (nuevos y usados), menos electrodomésticos, menos muebles, menos materiales de construcción, menos ropa y calzado. Y la lista sigue.
Según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (Came), en abril cayeron las ventas en todas las actividades relevadas por su departamento de estadística –la única excepción fue el rubro “Farmacia”– con un índice general que acumula 11 meses consecutivos de retracción.
El informe de Came también da cuenta de una caída en la venta de alimentos y bebidas del 3,1% interanual, y del 4,6% en los primeros cuatro meses de 2026.
En Córdoba, los números que maneja la Cámara de Supermercados y Autoservicios (Casac) son aún peores. “El consumo sigue realmente planchado. Estamos en un 5% de unidades perdidas interanuales. No hay forma de recuperar las ventas”, dijo a La Voz Víctor Palpacelli, referente del sector.
Palpacelli asegura que los supermercados cordobeses siguen haciendo acciones muy fuertes en materia de precios para intentar reactivar una demanda muy alicaída, pero no lo logran.
“Esto ya está deteriorando los márgenes del negocio. Las acciones que desarrollamos son muy agresivas, al punto que estamos perdiendo un punto de margen sobre ventas. Estamos preocupados”, lamentó.
La crisis de ingresos que sufre la mayoría de la población no sólo es preocupante, sino que se sostiene desde hace ya mucho tiempo. Y, quizá lo más grave, el Gobierno nacional no parece tomar nota de ello.
Luis Caputo, el ministro de Economía, dijo esta semana que los medios de comunicación “inventan” testimonios de personas que aseguran que no llegan a fin de mes y que han tenido que ajustar al máximo sus consumos más básicos porque la plata no les alcanza.
El ministro quizá no recibió los datos de caída en la recaudación de abril, en la que el principal impuesto asociado a la actividad económica, el IVA, sufrió una baja del 1,5% real interanual.
La recaudación del segundo tributo en importancia, los aportes y contribuciones de la seguridad social que reflejan la evolución del empleo, fue aún peor, con un descenso del 4,3% año contra año.
“Entre los factores explicativos, se destacan el comportamiento del salario real y de la cantidad de empleo formal”, analizó Nadin Argañaraz, economista del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf).
La baja del consumo masivo es elocuente y derivada de una caída constante de los ingresos disponibles del grueso de la población. Definitivamente, el consumo es la cuarta “ancla” de Javier Milei. Y esta sí que le está funcionando bien.

