Impunidad en el reino de Alperovich
El caso Lebbos desató una tormenta política en el Congreso de la Nación, que abre sospechas sobre funcionarios políticos y judiciales que empiezan a ser investigados. El fiscal Albaca, clave en el no esclarecimiento del crimen. Llueven las amenazas.
"A cabala porque sos boleta; vos, tu hija y tu nieta se van a ir a hacerle compañía a Paulina, hijo de puta". Alberto Lebbos muestra el amenazante mensaje en su celular y hace una pausa para tomar un sorbo de café. "Estamos con usted", le dice un hombre antes de abandonar la confitería del hotel Carlos V, en el centro de San Miguel de Tucumán. "Alberto, no le afloje. Todos lo apoyamos", asegura una periodista jubilada de Radio Nacional, aferrándose a su brazo. Legisladores nacionales de distintos partidos actuaron para denunciar lo que consideran "impunidad reinante" en el Jardín de la República, donde las amenazas y aprietes son moneda corriente, y, por fin, después de ocho años de un crimen emblemático que apunta a los "hijos del poder" como principales sospechosos, salen a la luz presuntas complicidades de funcionarios del Gobierno y del Poder Judicial.Los festejos del 9 de Julio, convertidos en un gran acto político presidido por el procesado vicepresidente Amado Boudou, en el que el fervor patrio estuvo ausente, sirvieron para dirimir internas y futuras candidaturas. Hubo enfrentamientos de bandos opositores y los muchachos de La Cámpora, incluidas agresiones a periodistas.El homenaje a los héroes de la Independencia lo realizaron referentes nacionales de la oposición, como el socialista Hermes Binner y el radical Ernesto Sanz, entre otros diputados nacionales, en la histórica Casa de Tucumán. Pero la estadía de los dirigentes opositores sirvió también para palpar de cerca la situación de impunidad que padecen cientos de familias tucumanas. Los políticos que se encontraban el 8 de julio en Tucumán fueron informados sobre la desaparición de personas que después pueden aparecer en alguna tumba común como NN.En paralelo, hubo una multitudinaria audiencia pública en la que otros legisladores nacionales escucharon el lamento de las víctimas. La otra Marita "En la Comisión de Familiares de Víctimas de la Impunidad, ya tenemos más de 200 casos no resueltos. Todo surgió en la búsqueda de mi hija Paulina. Sus compañeros de facultad hicieron marchas y así empezó a aparecer gente que pedía justicia. Decidimos reunirnos en la Plaza de la Independencia (frente a la Casa de Gobierno) y desde entonces lo hacemos todos los martes. El denominador común es la falta de dinero para abogados y la complicidad de policías, políticos, punteros y funcionarios judiciales", explica Alberto Lebbos. Al hombre se le pone la piel de gallina cuando habla de Mercedes Saldaño, una mujer que se acercó porque su hija estaba desaparecida desde el año 2000. "Usted seguro que sabe quién es Marita Verón (la hija de Susana Trimarco); todo el mundo lo sabe. Pero nadie sabe quién es Pamela Dalme, la otra Marita. Se aparece esta mujer (Saldaño), que es de lo profundo de Tucumán, vive cerca de la frontera con Santiago del Estero. Dice que no puede encontrar a su hija, que tenía 17 años cuando la vio por última vez, un Día de la Madre. La chica trabajaba como niñera cama adentro acá en la ciudad y ese domingo, 16 o 17 de octubre (en 2000, el tercer domingo fue 15, en realidad), después de estar con su bebé y su mamá, se sabe que tomó el colectivo, bajó en la terminal y no se la vio más", relata Lebbos.El monólogo continúa: "El lunes, la madre llamó a la casa de los patrones y le dijeron que Pamela no había ido. Ese mismo día la madre hizo la denuncia en tres comisarías diferentes. Años después, la mujer se junta con nosotros y la ayudamos con mucha fuerza. Hablé con una periodista para que hiciera una nota de ese y de otros dos casos".Lebbos y Mercedes Saldaño no imaginaban lo que sucedería después de un informe publicado el domingo 18 de mayo de este año. En el reportaje, aparecía Mercedes mostrando la foto de su hija. Se mostraron, además, fotografías de Manuel Trujillo, de 55 años, visto por última vez el 2 de febrero de 2007, y del niño Duilio Fernández, desaparecido el 1º de enero de 1996".El lunes 19 de mayo, Mercedes se comunica con Lebbos. "Alberto, mire lo que me ha pasado: un comisario retirado me ha dicho que el 18 de octubre encontraron un cuerpo detrás del (dique) Cadillal con tres hachazos en la cabeza. Vio la foto y dice que era ella", dice Lebbos reconstruyendo el diálogo con esa madre. Luego, pregunta: "¿Dónde está el cadáver?".Marcial Escobar, presidente de Agencias Privadas de Seguridad, declaró que cuando encontraron el cuerpo, intervino la Policía Científica, lo levantó y dieron la orden de enterrarlo en el cementerio como NN, luego de sacarle las huellas digitales. Las impresiones digitales fue lo único que quedó del caso. A Lebbos se le ocurrió comparar las huellas de la NN con las de Pamela, que habían quedado registradas en la maternidad cuando tuvo su bebé. "Coincidían", dice Lebbos con inocultable congoja. Los informes recogidos por la fiscal Adriana Giannoni indican que Pamela Dalme estaría enterrada en la tumba 3, fila 2, del sector 50, en el Cementerio del Norte. El 30 de mayo se ordenó la exhumación. "No sólo que no estaban los restos de Pamela, sino que aparecieron otros cinco cuerpos sepultados como NN. Hace unos días realizaron otra excavación y encontraron un cráneo con tres cortes en la cabeza; seguro que pertenece a Pamela, pero habrá que aguardar los resultados del estudio de ADN", revela Lebbos. ¿Quiénes serían los otros cinco muertos? Lo cierto es que al descifrarse un enigma (aunque se ignora quiénes mataron a la chica), aparecieron otros misterios por develar. Encubrimientos Cuando habla de la muerte de su hija Paulina, estudiante de periodismo a la que vio por última vez el 25 de febrero de 2006 cuando salió a festejar que había aprobado una materia, Alberto Lebbos recupera la fortaleza del hombre decidido a todo hasta descubrir la verdad. El cadáver de Paulina fue encontrado el sábado 11 de marzo por los hermanos Marcelo y Sergio Goitía, en la zona de Tapial, a unos 30 kilómetros de la ciudad capital. Desde el mismo instante en que la Policía intervino, se contaminó la escena del crimen, se modificaron los testimonios de los Goitía, se labraron actas falsas, desaparecieron fotografías que recién fueron incorporadas al expediente varias semanas después. Todos mintieron.El encubrimiento de funcionarios que recién ahora son investigados y el interés del gobernador José Alperovich por estar al tanto de la investigación quedaron al descubierto cuando el primer fiscal del caso, Alejandro Noguera, fue fotografiado al ingresar a escondidas a la casa del gobernador.En la residencia, aguardaban Alperovich y tres comisarios retirados. Noguera tuvo que apartarse. Lo reemplazó Carlos Ramón Albaca. En siete años, ese funcionario no permitió que Alberto Lebbos actuara como querellante y tuviera acceso a la causa porque "no había imputados".El padre de Paulina no dejó puerta sin golpear, tocó todos los timbres a nivel nacional, hasta lograr que desde el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación se comisionara al asesor legal Bernardo Lobo Bougeau, abogado tucumano, para que realizara una "compulsa" del expediente. Según el padre de Paulina, Albaca, "una pieza fundamental del encubrimiento del crimen", no le facilitó el expediente. El ministro fiscal Luis de Mitri le ordenó que atendiera el pedido de Lobo Bougeau y, apenas la noticia se publicó, fue amenazado. "Han ido a su casa y le golpearon la puerta. Eran dos tipos en moto.
Cuando la mujer salió, le dieron un mensaje: ‘Decile a tu marido que deje de joder con la causa Lebbos porque sabemos el horario en que se baja tu hija del colectivo y va a terminar en una zanja igual que Paulina’”, relata Lebbos.
Las conclusiones de Lobo Bougeau fueron lapidarias para Albaca, cuya fiscalía, en 23 años, jamás fue inspeccionada a pesar de que el Ministerio Fiscal está obligado por ley a auditar a las fiscalías al menos una vez al año.
El categórico informe determinó que la Corte Suprema de Justicia de Tucumán ordenara una auditoría. El trámite administrativo no hizo más que confirmar la inacción del fiscal. Las hojas del expediente ni siquiera estaban foliadas.
Al defenderse, Albaca llegó a decir que “no se sabía la causa de la muerte de Paulina”. Incluso volvió a “asesinar” a la víctima opinando que pudo haberse asfixiado en una práctica sexual de masturbación, cuando la autopsia indica que fue estrangulada mecánicamente.
“El señor fiscal Carlos Ramón Albaca incurrió, en el desarrollo investigativo de la causa (Lebbos), en reiteradas irregularidades, retrasos inexplicables, inacción infundada, etcétera, que afectaron en forma esencial la adecuada resolución de los hechos del caso”, dijo la Corte.
En su pronunciamiento, el tribunal ordenó investigar penalmente al fiscal. Una cadena de complicidades judiciales y políticas ha impedido que Albaca sea sometido a juicio político. Presentó su renuncia y Alperovich la aceptó de inmediato y aquel decidió jubilarse.
Horas después, la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses) reveló que no se podía jubilar. Hoy, el fiscal sigue en su cargo, acusado de varios delitos, sin peligro de juicio político. A partir de agosto podrá sí jubilarse y cobrará 53 mil pesos mensuales. Le agradecen los servicios prestados.
Bajo sospecha. Existen algunos indicios que vinculan a un hijo del gobernador José Alperovich con el crimen de la joven estudiante de periodismo Paulina Lebbos.
La chica desapareció en 2006, cuando se fue a festejar luego de haber aprobado una materia en su carrera universitaria.

