Novedoso. Impulsan la cría del pejerrey en canteras abandonadas
Mediante un convenio entre el Instituto de Limnología (CONICET-UNLP asociado a la CIC) y la subsecretaría de Minería de la Provincia, se puso en marcha una iniciativa para promover la acuicultura de pejerrey en cavas producidas por la actividad minera.
El pejerrey es una especie codiciada por los amantes de la pesca y además aporta un valor ecológico, productivo y social. Una iniciativa de la provincia de Buenos Aires busca promover el desarrollo sustentable de esta especie en cavas mineras en desuso.
El proyecto busca transformar estos espacios, muchas veces considerados pasivos ambientales tras el cese de la actividad extractiva.
En Córdoba existen algunas iniciativas para remediar el suelo de las canteras. Una de ellas fue llevada a cabo por la bióloga Silvia Navarro Ramos quien enfocó sus tesis doctoral en cómo revegetar con especies nativas una cantera abandonada. Para ello, plantó 1.500 árboles en una exmina de vermiculita que forma parte de la actual Reserva Vaquerías, de la Universidad Nacional de Córdoba.
La iniciativa promueve el desarrollo de experiencias de cría de pejerrey (Odontesthes bonariensis), una especie emblemática de los ecosistemas bonaerenses, mediante técnicas de acuicultura ecológica adaptadas a cuerpos de agua continentales.

Canteras en desuso
Las canteras, formadas por la extracción de suelo y posteriormente inundadas por agua subterránea y precipitaciones, suelen quedar en desuso luego de la actividad minera y, en algunos casos, terminan representando riesgos ambientales o sociales.
Frente a este escenario, el enfoque del ILPLA propone pensar su “post-uso” a partir de estrategias que integren conocimiento científico, participación local y criterios de sustentabilidad.
Según los datos relevados por el equipo de investigación, en el territorio bonaerense hay cerca de 300 de estos sitios. Para esta etapa se seleccionaron unas 20 cavas ubicadas en los partidos de La Plata, Berisso, Ensenada, Florencio Varela, Berazategui, Luján y Olavarría. Existen también sitios dispersos en toda la provincia, siendo Olavarría el que mayor cantidad concentra.
El proyecto surge a partir de un convenio firmado entre el Instituto de Limnología “Dr. Raúl A. Ringuelet”- ILPLA- (CONICET-UNLP) asociado a la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia, y el Ministerio de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica bonaerense a través de la Subsecretaría de Minería.
En el marco del convenio, que se encuentra vigente desde febrero y durará un total de seis meses, los equipos de investigación se encuentran realizando estudios de caracterización de distintas canteras seleccionadas.
Estas tareas incluyen relevamientos georreferenciados, mediciones de profundidad y volumen (batimetría), así como análisis físico-químicos y biológicos del agua, tales como concentración de nutrientes, clorofila y composición del plancton. Estos datos permiten evaluar la aptitud de cada ambiente para el desarrollo de peces.
La iniciativa se inscribe en una línea de trabajo más amplia del ILPLA orientada a la promoción de la acuicultura de peces nativos con un enfoque socioecológico.
Lagunas artificiales
Busca generar conocimiento científico y tecnológico y también impulsar estrategias de post-uso de las cavas mineras promoviendo usos productivos, turísticos y educativos de estos espacios en articulación con los municipios y sectores productivos locales. El desarrollo se realiza en las lagunas artificiales que se producen en las extracciones mineras.
“Cuando iniciamos la exploración de estos sitios, la necesidad era obtener información que no hay registrada. Al ser ambientes artificiales su biodiversidad suele ser diferente a la de las lagunas naturales”, explica Javier Garcia de Souza, investigador del ILPLA que forma parte de este convenio.
Estos sitios tienen la particularidad de que son producto de minería no metalífera, la cual se caracteriza por no hacer uso de grandes explosiones ni requerir una gran cantidad de agua como la que se usa para extraer metales como el oro o el bronce.
“Al ser excavaciones de tosca, conchilla y tierra, el impacto existe, pero es menor”, asegura.

Los investigadores del ILPLA explican que cuando se interviene en el ambiente se deja una deuda con el mismo (como en este caso, que se crea un ambiente nuevo que no existía antes) y esto puede implicar impactos sobre la vida de la población y sobre el entorno en general. A esto se le conoce como “pasivo ambiental”.
“Este tipo de ambiente ofrece facilidades y restricciones para realizar la acuicultura”, explica el director del ILPLA, Darío Colautti. Los antecedentes de este convenio se pueden rastrear a partir del trabajo de Ailen Solanas, becaria doctoral CONICET en el instituto, que señala que en estos territorios “la población encuentra distintos tipos de actividades además de la pesca, como por ejemplo el turismo, el ecosocioturismo o los viajes educativos”.
“Las canteras en desuso juegan un rol en el vínculo del ambiente con la comunidad y es donde este proyecto puede hacer un aporte”, añade Javier Garcia de Souza. Una de las cavas donde se viene trabajando está ubicada en Samborombón, partido de Brandsen.

Una de las diferencias entre las cavas y las lagunas naturales radica en que las primeras son ambientes donde se puede tener más controlada la cría de los pejerreyes, ya que por su forma no suelen presentarse las inclemencias del clima. Esto, a su vez, limita el movimiento del agua.
“Esto trae la necesidad de usar un sistema de bombeo para que pueda ingresar a la jaula el zooplancton que sirve de alimento a los pejerreyes”, finalizó Colautti.



