La improbable tarea de solucionar prohibiendo
Los pueden sacar de la peatonal, pero ¿quién vigila a los que venden en oficinas y hospitales? Rosa Bertino.
Sin darnos cuenta, estamos con un pie en las elecciones. Las expectativas son moderadas. Si hasta dejaron de mandar e-mails anónimos contra Luis Juez u Oscar Aguad. Casi nadie te pregunta por quién vas a votar, aunque puede ser parte del síndrome Marcelo Tinelli: poca gente admite que lo ve... y que encima le gusta. El "voto vergonzante" hará estragos en la próxima elección. Acuérdense de lo que les digo. Sin embargo, la indiferencia electoral se asienta sobre bases reales. El país es como el hogar y recién en estas instancias nos acordamos de mirar para arriba y a nuestro alrededor. Así descubrimos que el techo está lleno de goteras y que el vecindario ya no es lo que era. Hagamos de cuenta que cada tantos años le dejamos la llave de casa a alguien, para que la mantenga, sin controlar qué hace. La sorpresa puede llegar a ser tremenda. Esa sensación nos invade ahora. Pero, como buenos argentinos, lo más probable es que le sigamos dando la llave a la misma persona. Claro que, de a poco, vamos abriendo los ojos. Mucha queja por la situación, o contra los políticos, hoy finaliza con una frase sintomática: "No son ellos, somos nosotros". Ciclos televisivos como El elegido o El puntero tienen montones de seguidores, porque "nos muestran cómo somos realmente". Por fin estamos usando la primera persona del plural. Lo más difícil es ponernos de acuerdo. Pocas sociedades son tan rechifladas como la nuestra. Acá, cada cual hace lo que se le canta y después le echa la culpa al Gobierno. Éste termina tomando medidas que resultan impopulares, o infructuosas. Esta semana hemos tenido un par de ejemplos de acciones tendientes a corregir lo que no se corrige sólo prohibiendo, o vigilando. Hace falta actitud ciudadana o consumidora. La venta ambulante se ha convertido en un flagelo para quienes pagan alquiler, luz, impuestos, etcétera. En Capital Federal no se puede caminar por Florida o Corrientes, porque están ocupadas por los "manteros". En Córdoba amenazaba con pasar lo mismo. Coincidencia o no, ambas intendencias los desalojaron en simultáneo, con mucha policía, contusos y mala sangre. Es obvio que ningún puesto existiría sin compradores. Y éstos no comprarían si no se sintieran acorralados por los precios formales. "Los pueden sacar de la peatonal, pero ¿quién vigila a los que venden en hospitales y oficinas públicas?", se amargó la dueña de un local. Las citas en los baños de Tribunales, para probarse ropa, ya son legendarias. Más polémica resultó la decisión de prohibir los avisos de oferta sexual. ¿Con esto se logrará revertir la incautación de menores para esos fines? ¿O habría que sancionar y penalizar al cliente? ¿Qué pasa con la continua promoción audiovisual? De una manera u otra, todos los caminos nos conducen a nosotros mismos.

