La ilusión de la clase media
La gran mayoría de la clase media tradicional goza del beneficio de un empleo formal, estable, con seguridad social y la protección de las negociaciones salariales en paritarias. Laura González.
Es probable que a buena parte de los sectores asalariados bajo convenio, el entusiasmo por los aumentos prometidos en paritarias –si alguna vez hubo tal entusiasmo– se diluya por la sencilla razón de que la realidad ya se encargó de licuar ese ajuste. Incluso, a días de haber negociado la suba. Primero fue la suba del 20 por ciento en el piso desde el cual se comienza a pagar el Impuesto a las Ganancias. Ahora, todos los incrementos salariales –que van desde el 20 hasta el 40 por ciento, como reclama Alimentación– superarán la suba del piso y volverán a estar alcanzados por Ganancias. Y quien no está alcanzado por el impuesto, sufre en muchos casos la reducción de las asignaciones familiares. Sucede incluso que el aumento, en pesos, equivale a lo que se deja de cobrar de asignación. Suma cero. Después vienen todas las subas, acentuadas aún más cuando se trata de consumos propios de la clase media. Para quien vive en departamento, las expensas de mayo serán 25 por ciento más caras, por el aumento salarial acordado con el gremio de los porteros. La nafta se actualiza más del 20 por ciento anual, el servicio doméstico ajustó 23 por ciento en diciembre, los pasajes en el transporte urbano subieron 25 por ciento y los interurbanos, más del 60 por ciento en el último año. También se encareció el celular, el cable, el taxi y hasta la escuela de fútbol de los chicos. Comer afuera se volvió prohibitivo. Ahora, lo que ya se sabía: la cuota del colegio, que llega con aumentos promedio del 18 por ciento y picos de hasta 30 por ciento.La gran mayoría de la clase media tradicional goza del beneficio de un empleo formal, estable, con seguridad social y la protección de las negociaciones salariales en paritarias. O puede, si es profesional, ajustar sus honorarios ante una demanda generalizada y creciente. La inflación es sostenida, pero no se desboca. Así, el aumento salarial por ahora alcanza para disimular el malhumor. Pero en muchas familias puede ser apenas una ilusión.

