Ilda, docente jubilada y solidaria a tiempo completo
En Río Tercero, es un ejemplo de compromiso social activo: da clases de apoyo escolar en La Luciérnaga.
Río Tercero. Ilda Piedrabuena (64) no tiene horarios ni excusas cuando se trata de ayudar. Si en Río Tercero hay que buscar ejemplos de voluntariado, rápidamente se da con ella. Siempre tuvo esa vocación pero, desde que se jubiló como docente, lo hace a tiempo completo. "Es una militante de la solidaridad", grafican miembros de la sede riotercerense del proyecto social La Luciérnaga, grupo al que Piedrabuena se sumó hace varios años. Allí, entre otras tareas, da clases gratuitas de apoyo escolar a niños de escasos recursos.Durante décadas dedicó su vida al trabajo como docente y a sus cuatro hijos. Fue profesora de Letras, llegó a directora de un colegio de adultos y ocupó en dos oportunidades la Dirección de Cultura municipal de esta ciudad. Además, es una reconocida especialista en la lengua española y autora de varios libros. El texto Con dominio de nuestro idioma lleva varias ediciones publicadas.Pero ahora su vida es el voluntariado. Quienes la conocen de cerca la describen como "solidaria por naturaleza".Además de su participación activa en La Luciérnaga, es frecuente reconocerla en acciones concretas de ayuda a familias carecientes y es fundadora y sostén de la Biblioteca Cura Brochero, que funciona en la parroquia salesiana Ceferino Namuncurá.Allí contó a La Voz del Interior que un día se encontró con tantos libros que ya había leído, que decidió formar una biblioteca pública. Lo pensó, lo hizo y fue sumando a gente colaboradora.Admite que siempre la persigue la inquietud "de facilitarle algo a otro" y, ante la insistencia, reconoce "tener como un motor para tomar iniciativas, que moviliza y a veces contagia"."Uno se mete y va conociendo gente con necesidades porque no tienen baño, o no pueden techar su casa, o no pueden comprar la garrafa, o necesitan que un día alguien los traslade al médico. Uno trata de ayudar, y ahí nomás, vuelve a surgir otra necesidad", relata con sencillez.Ilda cuenta que siete satisfacción por ayudar pero un sinsabor por sentirse "impotente" para soluciones de fondo. "Uno trata de aliviar, pero para solucionar esas carencias se necesitan políticas de Estado en serio", apunta.Como docente, destaca que es testigo de que todos los niños "no tienen igualdad de oportunidades, no pocos andan mal en la escuela porque no tienen lo que necesitan en sus casas, por causas de una mala alimentación u otras carencias".A criterio de Piedrabuena, "la sociedad juzga muy fácilmente al humilde, porque mejor es no saber".La docente jubilada resume lo que moviliza su actitud en pocas palabras: "Yo tuve lo necesario; cómo no me voy a comprometer y devolver algo a quien necesita una mano".

