Hallazgo. Identifican bacterias intestinales que convierten la grasa que engorda en grasa que quema calorías
Un estudio publicado en Nature halló que cuatro bacterias del microbioma intestinal pueden activar un mecanismo metabólico que transforma la grasa blanca en grasa que quema energía, al menos en experimentos con ratones.
Un grupo de científicos descubrió que ciertas bacterias intestinales pueden activar un mecanismo biológico capaz de transformar la grasa corporal que almacena energía en un tipo de grasa que quema calorías.
El hallazgo surge de una investigación liderada por el centro médico City of Hope, en Estados Unidos, junto con el Broad Institute y la Keio University de Japón. Los resultados fueron publicados en la revista científica Nature.
Según el estudio, un conjunto específico de bacterias del microbioma intestinal puede activar un proceso metabólico que convierte la grasa blanca (la que se acumula en el cuerpo) en grasa beige, un tejido capaz de quemar energía y generar calor.
Los investigadores advierten que los resultados se observaron en ratones, por lo que aún se requieren más estudios para comprobar si el mismo mecanismo puede aplicarse en humanos.
La diferencia entre los tipos de grasa
La mayor parte de la grasa corporal en adultos corresponde a la grasa blanca, cuya función principal es almacenar energía en forma de calorías.
En cambio, la grasa parda y la grasa beige tienen la capacidad de quemar energía para producir calor y ayudar a regular el metabolismo.
Los bebés nacen con reservas importantes de grasa parda, pero estas disminuyen con el paso de los años.
Durante décadas, los científicos han buscado estrategias para estimular la conversión de grasa blanca en grasa beige, un proceso conocido como beiging, con el objetivo de mejorar la salud metabólica.
El rol del microbioma intestinal

El nuevo estudio identificó que esta conversión puede estar influida por el microbioma intestinal, el conjunto de microorganismos que habitan en el sistema digestivo.
Los investigadores observaron que los ratones alimentados con una dieta baja en proteínas desarrollaban mayores niveles de grasa beige, pero solo si tenían determinadas bacterias intestinales.
Cuando se aplicó la misma dieta en ratones sin microbioma, el efecto desapareció.
“Esto nos indicó que la dieta por sí sola no era suficiente. El microbioma intestinal era esencial”, explicó la doctora Kenya Honda, profesora adjunta de City of Hope y coautora principal del estudio.
Las cuatro bacterias que activan el proceso
El equipo científico identificó cuatro cepas bacterianas clave que participan en la activación del proceso de quema de grasa.
Cuando estas bacterias se introdujeron en el intestino de los ratones junto con una dieta baja en proteínas, los animales mostraron varios cambios metabólicos.
Entre ellos, una mayor conversión de grasa blanca en grasa beige, menor aumento de peso, mejor control de la glucosa en sangre y niveles más bajos de colesterol.
El estudio también reveló que el proceso se produce a través de dos señales metabólicas que trabajan de forma coordinada.
Dos señales que activan el metabolismo
En primer lugar, las bacterias intestinales modifican los ácidos biliares, lo que envía una señal al tejido adiposo para comenzar a quemar energía.
En segundo lugar, estimulan al hígado para que libere una hormona metabólica llamada FGF21, que también contribuye a activar la quema de calorías.
Los investigadores comprobaron que si se bloqueaba cualquiera de estas dos señales, el efecto desaparecía.
Esto indica que ambos mecanismos deben funcionar de manera conjunta para que el proceso metabólico se active.
“El microbioma intestinal interpreta activamente lo que comemos y traduce esa información en señales a las que el cuerpo responde”, explicó Ramnik Xavier, investigador del Broad Institute y profesor de medicina en la Facultad de Medicina de Harvard.
Un posible camino para tratar la obesidad
Los autores del estudio señalan que el hallazgo abre nuevas líneas de investigación para desarrollar tratamientos contra la obesidad, la diabetes y otros trastornos metabólicos.
Sin embargo, remarcan que los resultados no deben extrapolarse directamente a las personas.
La dieta baja en proteínas utilizada en el experimento es inferior a la recomendada para humanos y no se considera una estrategia segura para el control del peso.
En lugar de promover dietas extremas o suplementos bacterianos, los investigadores consideran que el descubrimiento podría servir para identificar nuevas vías biológicas que permitan desarrollar medicamentos capaces de activar este mecanismo metabólico.




