Temas del día:

Historias de olvido y de marginación detrás de tres hermanitas abusadas

En Villa Dolores, una nena de 9 años era entregada por sus padres a abusadores. Se sospecha que también pasaba con otras dos. Un caso estremecedor, cuyas causas de fondo se reconocen más allá de un expediente judicial.

08 de noviembre de 2016 a las 12:01 a. m.
Miguel Ortiz*
Historias de olvido y de marginación detrás de tres hermanitas abusadas
VILLA DOLORES (Archivo).

Villa Dolores. Pasan los días y la comunidad sigue estremecida por el horror conocido el lunes 24 de octubre: una pareja explotaba sexualmente a su propia hija de 9 años. También la madre se vendía a los abusadores, y se teme que lo mismo hayan hecho con las otras dos hijas menores, de 6 y 8 años. La indigencia, el alcoholismo, la desnutrición y la marginalidad social enmarcan el cuadro de espanto. Una mirada policial y judicial del caso no basta ni explica. Detrás, asoma una historia de fragmentación social, profunda y doliente. Ese es el fondo.Las niñas no asistían a la escuela y mendigaban junto con sus padres. Una de ellas, con 8 años, aún usa pañales. Las tres presentarían retrasos de lenguaje y discernimiento.Junto con los padres, de 37 y 30 años, se detuvo a los dos supuestos abusadores: dos hermanos sordomudos, trabajadores rurales, que habrían recibido en su casa, periódicamente, la visita del hombre que "vendía" a su mujer y a su hija. Otra versión indica que habrían visitado también a la niña en casa de su abuela.El fiscal Raúl Castro imputó a los hermanos, de apellido Cuello, por abuso sexual gravemente ultrajante, y a los dos progenitores por partícipes necesarios y promoción a la corrupción.

Miseria y mendicidad

Carlos, su esposa Marta (los nombres son ficticios, para proteger los derechos a la privacidad de las niñas) y sus tres hijas eran conocidos en una parte de esta ciudad de más de 35 mil habitantes. Su tragedia está entre los casos que todos miran, pero que nadie ve, en cualquier ciudad.

Salían muy temprano desde su paupérrima vivienda, en barrio Aeronáutico. El padre empujaba un carrito de bebé con las dos niñas menores. La nena mayor caminaba tomada del cochecito y, más atrás, iba la mujer. Se dice que recorrían unas 20 cuadras hasta la casa de la madre del hombre, en barrio San Martín. Pasaban el día pidiendo. Muy seguido comían en el local de Cáritas.

El papá, de unos 40 años, lucía siempre desaliñado. Una gorra tapaba siempre su mirada. Se había criado en una familia muy pobre.

Marta es hija de un cartonero alcohólico y violento ya fallecido, y de una madre con debilidad mental a quien la obesidad no le permitía caminar. “Se deprimió con los tres embarazos seguidos”, señaló una conocida de la mujer. Ella lucía más cuidada en su aspecto, aunque siempre andaba de cabeza baja y mirada esquiva.

A la historia parecen sobrarle víctimas.

Todos veían

“Siempre los veíamos pasar, todos los días, las nenas estaban siempre llenas de mugre, nos daban ganas de pedírselas para bañarlas, pero no nos animábamos, porque el padre tenía fama de violento”, contó una vecina de barrio San Martín. Otro, sobre avenida Belgrano, relató: “Yo a las nenas les daba de comer algo aquí en mi vereda, porque me habían dicho que si les daba dinero el padre se lo tomaba todo”. Una vecina de barrio Parque recordó que una vez le dijo al papá: “Todos los días te ayudo, pero vos sos joven, podrías trabajar, cortarme el pasto, por lo menos”. La respuesta fue una lluvia de insultos.

En una red social, una profesional propone ahora empapelar la ciudad con nombres y fotos de los culpables “para que sean excluidos de la sociedad”. Otros se preguntarán cuántos y quiénes son, de verdad, culpables.

Lo cierto es que el grupo ya estaba excluido: la actitud pretendidamente caritativa de quienes a diario los alimentaban no lograba ni por cerca incluirlos, sino sólo prolongar la indignidad. Sobre todo de las niñas, desde el momento en que no estaban escolarizadas y sufrían sometimiento constante.

El horror no visto

A principios de septiembre, en una fiesta familiar, un hombre abrió una puerta y vio lo que no hubiese querido: una escena sexual entre un hombre mayor y la niña de 9. Cuando se lo comentó a su esposa, decidieron denunciar. Eran conocidos de “los mudos”, ahora detenidos.

En Tribunales, las cámaras Gesell a las niñas fueron dificultosas. Las tres quedaron, primero, a cargo de la abuela paterna, pero luego a ella se le impuso también una prohibición de contacto, según confirmó el juez de Violencia, Niñez y Juventud, Luis Werlen Zbrun. Los equipos técnicos de Tribunales y de la Senaf provincial hacen, ahora, un seguimiento de las menores. El desafío es cómo recuperarlas para la vida.

*Especial

Por la sensibilidad del tema, los comentarios permanecen cerrados.