Futttura. La historia detrás de la torta de Tini en el Kempes: de luchar contra un TCA a vivir para cumplir su sueño
La pastelera cordobesa María Belén Suárez fue la creadora de la torta para el festejo de cumpleaños de Tini Stoessel durante su segundo show en Córdoba. Detrás del encargo, una historia de resiliencia, recuperación y lucha.
El Kempes está repleto. El público está eufórico. Es la noche del 21 de marzo y Tini Stoessel cumple años. Su equipo prepara una sorpresa para la cantante y Rodrigo De Paul aparece en el escenario con un carrito que lleva arriba una torta soñada, toda plateada por la temática de Futttura, y Tini no disimula su emoción cuando la ve. Las fans corean el “Feliz Cumple” desde la tribuna y todo es una fiesta.
Desde su casa en el barrio San Salvador, de la ciudad de Córdoba, la pastelera María Belén Suárez es un mar de lágrimas al seguir la secuencia por las redes. No puede creer lo que ve. Finalmente, su sueño está haciéndose realidad. Y es que esa torta, LA torta, fue elaborada por ella.
¿Cómo llegó Belén a hacerle la torta a Tini?
Todo empezó con un mensaje.
“Me hablaron el martes de la misma semana del show para preguntarme si podía hacer una torta para una artista”, contó a La Voz. La propuesta no parecía fuera de lo común. Una artista podía ser cualquiera. No sospechó nada.
Le pidieron un diseño y le aclararon que el tamaño era importante porque era algo que debía lucirse en un escenario. Belén siguió con su rutina, incluso con un viaje ya organizado a Buenos Aires para ver una obra en el Teatro Colón. Su idea era dejar la torta hecha y que su mamá la entregara.
Hasta que llegó el dato que lo cambió todo. “Me mandaron un audio y me dijeron: ‘es para Tini’”. La reacción fue una mezcla de incredulidad y chequeo. “No caía. Me fijé que todo fuera real. Sabía que venía a Córdoba, que cumplía el 21 de marzo, pero igual… no lo podía creer”.
Ahí apareció la verdadera decisión. La torta ya no podía ser pequeña. Tenía que ser de al menos 30 centímetros, imponente, pensada para un escenario. Y Belén sabía que no podía delegar algo así.
“Entré en una disyuntiva: qué hacía con mi viaje. Estaba muy entusiasmada. Pero dije: esta oportunidad no se va a volver a cruzar nunca más en la vida”, contó a La Voz. Uno de los tantos detalles de esta historia es que este viaje a Buenos Aires era especial para Belén, ya que era la primera vez que viajaría en avión. Iba a perder dinero que había ahorrado por mucho tiempo. Era realmente un sacrificio.
Canceló todo: vuelo, hotel, planes. Eligió quedarse. Eligió hacer la torta.
Mucho más que una torta
Para Belén, no se trataba solo de un encargo. No era “una famosa más”. Era alguien a quien admiraba genuinamente.
“Escucho a Tini desde hace muchísimos años. Me acuerdo que la primera canción que me encantó fue Fresa. Me gusta todo de ella: la estética de sus shows, el ritmo de sus canciones, sus baladas… y la voz que tiene en vivo es impresionante”, relató.

“Todo el mundo me dice que cumplí un sueño. Y la verdad es que yo nunca soñé con esto, porque no creía que fuera posible”, confesó. Esa frase, casi al pasar, dice mucho más de lo que parece.
Porque hubo un tiempo en el que Belén no solo no soñaba con escenarios ni artistas, sino que luchaba por sobrevivir.
La otra historia: sobrevivir para volver a empezar
Años atrás, Belén atravesó un trastorno de la conducta alimentaria (TCA) extremadamente severo. Durante mucho tiempo convivió con la anorexia y la bulimia en una lucha que, según ella misma relató en entrevistas anteriores a La Voz, la llevó al límite en varias oportunidades.
Por aquellos años, su relación con la comida -hoy su herramienta de trabajo, su arte y su refugio- era completamente distinta.
La cocina, que hoy la salva, antes estaba atravesada por el dolor.
Con el tiempo, y tras un proceso largo y complejo, Belén logró salir adelante. No fue lineal ni fácil. Pero encontró en lo que alguna vez fue un conflicto, un canal de reconstrucción.
“Cocinar me salva de un montón de cosas. Del aburrimiento, de la ansiedad, de la tristeza. También de la felicidad. Es un escape”, dice hoy.
Esa transformación no solo se quedó en su vida personal. También la llevó a escribir un libro, donde cuenta su experiencia en primera persona. La obra, llamada "El cuerpo que soñé, odié", resume en 134 páginas su historia de lucha contra los trastornos de la conducta alimentaria. El libro no pretende ser un "manual" de todo lo que hizo para enfermarse, sino que resume el proceso y hace énfasis en la recuperación, con un mensaje esperanzador para quienes padezcan este tipo de trastornos.
Un renacer, como el ave fénix
Su emprendimiento, llamado Happy Cakes, nació entre 2019 y 2020, casi en paralelo con ese proceso de reconstrucción. Pero la cocina estaba desde mucho antes.
“Siempre fui muy manual. De chica tejía gorritos para vender en el colegio. En casa cocinábamos mucho, veíamos programas de cocina, íbamos a talleres. Mi mamá nos inculcó eso”, recordó.

Hoy, esa historia familiar, ese aprendizaje y esa resiliencia se combinan en cada torta que hace. Pero ninguna fue como esta. Porque no era solo el desafío técnico, ni el tamaño, ni la exposición. Era todo lo que esa torta representaba.
El valor de no rendirse
La torta que llegó al Kempes fue, para el público, parte de un momento más dentro del show. Pero para Belén fue otra cosa.
Fue el premio por no abandonar. Fue la recompensa que tardó en llegar. Fue la confirmación de que la vida puede sorprender cumpliendo sueños que incluso nunca se animó a soñar.
Si algo demuestra la historia de Belén es que, aun cuando todo parece perdido, siempre se puede volver a empezar.
Anoche con su torta Belén estuvo en el Kempes. No solo como pastelera. Sino como alguien que, literalmente, volvió a la vida.



